Donald #Trump volvió a encender la mecha con las grandes #farmacéuticas, exigiéndoles que bajen sus precios en #EE.UU. para igualarlos con los que se manejan en otros países. Les mandó una cartita nada amigable a 17 gigantes del sector, advirtiéndoles que tienen 60 días para alinearse… o habrá consecuencias.

Entre sus demandas, Trump quiere que las farmacéuticas apliquen el precio más bajo que cobren en otros países —el famoso “precio de Nación Más Favorecida”— a todos los medicamentos que recibe la banda de Medicaid. También busca que ese mismo trato lo tengan Medicare y los seguros privados en cuanto salga un medicamento nuevo.
Pero, aunque la intención suena bonita, los expertos en salud y economía dicen que esto está bien complicado de lograr. Incluso dentro del propio Gobierno hay dudas. Y es que, según los analistas, el presidente no tiene el poder legal para obligar a las compañías a cumplir.
👉 De hecho, Spencer Perlman, un crack en políticas de salud, advirtió que cualquier intento de imponer esa regla podría toparse con batallas legales tremendas. Y aunque se intente desde el Innovation Center de Medicare y Medicaid, tampoco hay garantías de que funcione.
Las farmacéuticas no se quedaron calladas. Desde PhRMA, el representante Alex Schriver lanzó un mensaje claro:
“Traer los controles de precios de otros países afectaría la innovación en EE.UU. y a los trabajadores del sector. Si quieren ver cambios, que regulen a los intermediarios del sistema de salud”.
Y mientras se calienta la pelea, el mercado ya reaccionó: las acciones de compañías como Eli Lilly, Merck, Johnson & Johnson, GSK y Amgen bajaron entre 1.5% y 5%, dejando un golpe fuerte en el índice farmacéutico del S&P 500, que cerró con casi 3% de caída.
Todo esto se remonta a un decreto que Trump firmó en mayo, donde ya había lanzado la amenaza: si no bajaban los precios, el gobierno tomaría medidas drásticas. Una de ellas sería abrir la puerta a importaciones, limitar exportaciones, y hasta pedirle a la FDA que revoque aprobaciones a medicamentos considerados inseguros o mal manejados.
En las cartas, Trump fue directo:
“Ya no aceptaré excusas ni más propuestas que terminan regalándole miles de millones a la industria. O bajan los precios o se acaba la fiesta”.
También pidió que las farmacéuticas traigan de vuelta el dinero ganado fuera del país y lo usen para reducir los precios en casa, y que incluso vendan algunos medicamentos directamente al consumidor con precios estilo “Nación Más Favorecida”.
Pero, según Chris Meekins, otro analista en el tema, esta estrategia podría ser más ruido que nueces:
“Trump quiere que las farmacéuticas hagan voluntariamente lo que legalmente no puede imponerles. Pero eso rara vez funciona”.
👀 Además, aunque suena a que esto ayudaría a todos, la realidad es que la mayoría de la gente no verá una reducción en el costo de sus medicinas. Solo aplicaría para nuevos medicamentos en Medicaid y ciertos mercados, lo cual beneficiaría más a los gobiernos estatales que a los pacientes, que ya suelen pagar poco o nada con Medicaid.
En resumen, Trump está usando la presión pública como su arma principal para forzar cambios, pero sin bases legales sólidas. Y mientras tanto, la industria farmacéutica se pone a la defensiva, advirtiendo que medidas como esta pueden terminar afectando a la innovación, a los pacientes y al liderazgo global que aún conserva EE.UU. en el sector.
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