La madrugada del domingo en un #albergue de #Texas se volvió de pesadilla para varios #NiñosMigrantes guatemaltecos. Les dijeron que prepararan una bolsa con lo básico porque serían enviados de vuelta a #Guatemala. Entre lágrimas y confusión, una niña de menos de 12 años preguntó: “¿Por qué quieren devolverme?”.

Según relató Gladys Hernández, abogada del Programa de Defensores de la Infancia del Centro Young, la menor estaba aterrada y le confesó entre sollozos: “Mi mamá está muerta y mi papá me maltrataba, ¿por qué quieren hacerme daño?”. Para la pequeña, en medio del caos, lo más importante era no perder su peluche.
Horas antes, Hernández había recibido una llamada urgente casi a las 11 de la noche: debía acudir al refugio porque la deportación de los niños era inminente. Varios menores ya estaban empacando y llorando desconsolados, sin comprender lo que ocurría.
Sin embargo, la deportación no se concretó. Una decisión de emergencia de la jueza Sparkle L. Sooknanan frenó el operativo y bloqueó temporalmente —hasta el 14 de septiembre— la salida de cientos de niños y adolescentes guatemaltecos indocumentados que habían entrado solos a Estados Unidos.

El gobierno de Donald Trump defendió la medida señalando que el plan buscaba reunificar a los menores con sus familias en Guatemala, asegurando que la iniciativa incluso había sido planteada por las propias autoridades guatemaltecas. Pero abogados de los niños argumentan que no se respetaron los procesos legales, y que en muchos casos los pequeños huyen porque sufrieron violencia o no tienen familia que los reciba.
En redes sociales, Stephen Miller, asesor de Trump y uno de los cerebros de su política migratoria, acusó a la jueza de “secuestrar” a los menores al impedir su retorno. Incluso culpó al gobierno de Joe Biden de la situación, afirmando que muchos menores quedaron “huérfanos en EE.UU.”.
Del otro lado, el gobierno de Guatemala, encabezado por el presidente Bernardo Arévalo, declaró que está listo para recibir a los menores, ya sea por decisión voluntaria o por orden judicial. Estiman que más de 600 niños guatemaltecos han ingresado solos a EE.UU. en los últimos meses.
Para algunos familiares en Ciudad de Guatemala, la noticia fue devastadora. El domingo esperaban ansiosos a sus hijos en la Base Aérea La Aurora, pero al enterarse del freno judicial se quedaron con la incertidumbre. “Mi hijo me llamó diciendo que ya volvía, ahora no sabemos cuándo regresará”, contó con frustración una madre a la prensa local.

Abogados de varias organizaciones, como el Centro Nacional de Derecho de Inmigración y el Proyecto de Derechos de Inmigrantes y Refugiados Florencia, recalcan que no se puede sacar a los niños en mitad de la noche sin que un juez lo autorice, pues la ley estadounidense otorga protecciones especiales a los menores no acompañados.
El futuro de estos pequeños está en el aire: siguen en los refugios de Texas y otras ciudades, esperando lo que decidan los tribunales. Por ahora, su destino se debate entre la esperanza de quedarse y el miedo de volver a un país donde muchos de ellos aseguran que solo les espera violencia.
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