La UNAM abrió este 23 de enero el registro para su concurso de selección a licenciatura 2026 y confirmó un cambio que ya encendió el debate: el examen será aplicado en línea y contará con vigilancia mediante inteligencia artificial, bajo un modelo de supervisión remota que promete reducir el fraude, pero que también abre nuevas dudas sobre privacidad, errores técnicos y desigualdad digital.

De acuerdo con la universidad, la herramienta de IA será utilizada únicamente como un filtro de alertas para detectar conductas sospechosas durante la evaluación, sin que tenga autoridad para cancelar resultados. La UNAM insiste en que las decisiones finales serán tomadas por personal humano, revisando evidencia antes de emitir una resolución, en un intento por blindarse ante críticas sobre automatización y arbitrariedad.
La aplicación del examen se realizará del 20 de mayo al 7 de junio, mientras que el pago del derecho a examen se extenderá hasta el 5 de febrero. Los resultados se publicarán el 17 de julio. En esta edición, la máxima casa de estudios estima una participación cercana a 180 mil aspirantes, aunque la oferta se mantiene limitada: poco más de 48 mil lugares, de los cuales cerca de 30 mil se asignan vía pase reglamentado y sólo alrededor de 18 mil mediante examen.
El mecanismo de supervisión operará con un sistema conocido como “proctoring”, que monitorea a los aspirantes mediante cámara y micrófono, y que registra patrones inusuales como movimientos fuera de cámara, ruidos extraños, cambios repetidos de ventana o posibles apoyos externos. La apuesta institucional es clara: vigilar más, restringir trampas y mantener un control total del entorno del examen.
Sin embargo, este tipo de vigilancia no ocurre en un vacío. La estrategia llega en un país donde el acceso a internet y a equipos adecuados sigue siendo desigual, lo que podría introducir una nueva barrera en el proceso de selección. Para miles de jóvenes, presentar un examen en línea no es modernización: es depender de la estabilidad de su señal, de una computadora funcional y de un ambiente silencioso, algo que no todos pueden garantizar.
La decisión, además, revive dudas sobre el manejo de datos personales, grabaciones y monitoreo de comportamiento. En un contexto donde cada vez más instituciones públicas se digitalizan sin transparencia plena sobre seguridad tecnológica, el examen se convierte no sólo en un filtro académico, sino en un ejercicio de vigilancia masiva donde cualquier falla podría afectar trayectorias enteras.
La UNAM sostiene que el procedimiento está auditado y opera bajo estándares de calidad, y que en experiencias previas el porcentaje de cancelaciones por fraude fue mínimo. Aun así, el nuevo modelo coloca al concurso de selección en un terreno de tensión: más control institucional, pero también más margen de desconfianza, y una pregunta inevitable sobre el futuro de los exámenes en México: ¿evaluación o vigilancia?
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