En #EstadosUnidos, el sistema de #trasplantes está creciendo a toda máquina, pero esto ha generado una situación preocupante: la seguridad de los #donantes parece quedar en segundo plano frente a la #urgencia por obtener más #órganos. Así lo revela una investigación de The New York Times que sacó a la luz casos donde las decisiones se toman muy rápido, y no siempre bien.

Un ejemplo súper impactante es el de Misty Hawkins, una mujer de Alabama. Después de un accidente que la dejó en coma, su familia decidió donar sus órganos. Pero cuando los cirujanos comenzaron a operar para extraerlos, descubrieron que su corazón aún latía y que tenía señales mínimas de vida. ¡Imagínate cortar a alguien que en teoría ya estaba muerta! 😳
Este tipo de donaciones, llamadas “trasplantes tras muerte circulatoria”, se han vuelto mucho más comunes: ya representan un tercio de todas las donaciones, con unos 20,000 órganos donados el año pasado, el triple que hace cinco años. La diferencia es que estos pacientes no tienen muerte cerebral confirmada, sino que están en coma o con respiración asistida, y los médicos deciden que no van a mejorar.

Pero el proceso tiene su riesgo: tras retirar el soporte vital, deben esperar a que el corazón deje de latir en máximo dos horas para que los órganos sigan siendo viables. Lo complicado es que algunas organizaciones —que coordinan estas donaciones a nivel estatal— presionan a familias y hospitales para acelerar todo y conseguir más órganos, incluso influenciando decisiones médicas.
55 trabajadores de la salud de 19 estados reportaron haber visto casos preocupantes, donde pacientes mostraban signos de conciencia o movimientos, pero igual les retiraban el soporte. Por ejemplo, en Florida, un hombre lloró y mordió el tubo que lo ayudaba a respirar, pero no frenaron la donación. En Virginia Occidental, a un hombre paralizado que empezaba a despertar le pidieron permiso para donar órganos, aunque él negó con la cabeza.

Casos como el de Hawkins o estos otros demuestran que la presión por aumentar las donaciones puede llevar a errores serios o decisiones éticamente dudosas. Investigaciones federales han señalado que algunas organizaciones ignoran señales claras de recuperación en pacientes, y que se han administrado medicamentos para acelerar la muerte.
El sistema, en general, se autorregula, y aunque reconoce la importancia de estas donaciones para salvar miles de vidas, aún hay un debate fuerte sobre cómo garantizar que no se comprometa la dignidad ni la seguridad de los donantes. El Departamento de Salud y Servicios Humanos ha prometido mejorar los protocolos y aumentar la supervisión, pero hasta ahora, muchos casos inquietantes siguen sin resolverse públicamente.
Para la familia de Misty Hawkins, la experiencia fue desgarradora. Más de un año después, todavía luchan por entender qué pasó realmente y si ella sufrió durante la extracción de órganos.
Por otro lado, hay historias que dan un respiro, como la de Danella Gallegos, quien fue preparada para donar, pero mostró señales de conciencia justo antes y se recuperó por completo, gracias a que el hospital frenó la donación.
La realidad es que más de 100,000 personas esperan un órgano en EE. UU., y cada día las decisiones sobre la vida y muerte de los donantes generan dilemas difíciles que necesitan soluciones más claras y humanas. 💔
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