El ex activista y ex funcionario de seguridad Alberto Capella soltó una bomba: lo que vimos en la CDMX durante la marcha por el asesinato del alcalde Carlos Manzo no fue un relajo espontáneo… sino ingeniería política para manipular la narrativa.

Capella cuenta que estuvo ahí, recorriendo las calles desde temprano y analizando todo con la experiencia de quien ya ha organizado protestas y también operativos de seguridad. Según él, lo que pasó no fue coincidencia.
una marcha enorme, plural y con puro ánimo pacífico.
La movilización arrancó como a las 11 de la mañana y se veía de todo: familias enteras, adultos mayores, jóvenes, profesionistas y vecinos sin ninguna estructura detrás. Predominaban banderas de la Generación Z, muchas banderas de México y el clásico color blanco de las protestas pacíficas.

Las consignas eran directas: contra Morena, Claudia Sheinbaum, Adán Augusto López, Gerardo Fernández Noroña y, sobre todo, el reclamo constante de justicia por Carlos Manzo.
Durante más de tres horas, la gente avanzó sin parar desde Reforma hasta Eje Central.
Lo que pasó al llegar al zócalo no fue casualidad.
Ya casi llegando, Capella notó algo raro: un operativo que no buscaba proteger nada, sino inhibir la llegada masiva. El acceso estaba reducido a una sola entrada por 5 de Mayo, mientras que todo alrededor —Catedral, Palacio Nacional y calles principales— estaba lleno de vallas en forma de “L”, cerrando espacios y generando embudos.
Este acomodo, dice Capella, es una táctica conocida para romper la fuerza visual y numérica de cualquier protesta.
Primera imagen al entrar: violencia justo donde pasaba la gente.
Al entrar por 5 de Mayo, lo primero que se veía era un grupo de jóvenes golpeando las vallas junto a la Catedral. Humo, golpes, gritos, antimotines resistiendo… y miles de personas deteniéndose o regresándose por el miedo.
Según Capella, poner un foco de violencia justo en la entrada no puede ser un accidente.

la bronca fuerte estaba frente a palacio nacional.
El grupo más agresivo estaba justo frente a Palacio Nacional. Ahí volaban piedras, botellas, objetos encendidos y hasta cohetones que dejaban sordo a cualquiera.
La mayoría de las vallas tiradas eran las que protegían Palacio Nacional, no las de Catedral.
Ese fue el punto más crítico.
Los antimotines también fueron usados como piezas del operativo.
Capella dice que sabe lo que es estar del lado del escudo. Por eso subrayó que los policías fueron víctimas también. Estuvieron más de cinco horas recibiendo pedradas, golpes, humo, molotovs, gas pimienta y cohetones sin poder reaccionar.
Cuando por fin los dejaron actuar, empujaron con fuerza. Capella no justifica los excesos, pero entiende que fueron puestos ahí para resistir sin moverse, parte del mismo diseño político.
Los cohetones espantaron a miles que pensaron que eran disparos.
El estruendo era tremendo. Muchos —sobre todo familias y adultos mayores— creyeron que eran balazos. Hubo niños llorando y personas saliendo apresuradamente del área. Ese ruido, dice Capella, sirvió para desalentar aún más la entrada al Zócalo.
¿Y por qué el zócalo no se llenó si la marcha era gigante?
Para Capella, la respuesta es simple: estaba operado para no llenarse.
Entre la violencia acomodada, el ruido intimidante, el humo, el único acceso saturado, las calles cerradas y los embudos, la gente llegaba, veía el panorama y se retiraba.
La dispersión no fue espontánea: fue inducida.
La salida fue un caos: persecución, miedo y calles hechas embudos.
Cerca de las 4 de la tarde, los antimotines avanzaron y la gente salió corriendo hacia 5 de Mayo, 16 de Septiembre y Madero, todas saturadas por las mismas vallas.
Miles vivieron momentos de pánico.

La “autocracia pasiva”: así describe capella el modo de operar.
Capella compara lo ocurrido con una actitud “pasivo-agresiva”. En política, dice, eso se llama autocracia pasiva, una forma de controlar sin admitirlo.
Funciona así:
• no te prohíben marchar, pero te colocan violencia donde llegas
• no te impiden entrar, pero te meten miedo
• no censuran la protesta, pero distorsionan la imagen final
Es represión disfrazada. Es control sin declararlo.
La conclusión de capella: la narrativa del caos fue construida.
Capella vio una marcha enorme, comprometida, muy pacífica y profundamente ciudadana. Vio familias, jóvenes y profesionistas caminando con dignidad.
También vio policías usados como escudos y violencia colocada en puntos clave.

Su cierre es contundente:
Lo pacífico fue la gente. El caos fue inducido.
No fue desorden espontáneo: fue ingeniería política para controlar la narrativa. 😶🌫️🔥
amaneciendo.com.mx Tu ventana al mundo