“¡Lanzamiento #Yemen!”. La voz retumba en la sala y de inmediato un coro de uniformados responde: “¡Copiado, lanzamiento Yemen!”. No son soldados comunes, son los #Guardianes de la Fuerza Espacial de #EstadosUnidos, un grupo que desde una base cerca de Denver, Colorado, puede rastrear misiles lanzados desde cualquier rincón del planeta.

Aquí, en la base Buckley, los Guardianes trabajan rodeados de pantallas gigantes que muestran mapas y datos en tiempo real enviados desde una constelación de satélites militares. Cada lanzamiento detectado se convierte en un aviso crucial. Hace poco sonó: “¡Lanzamiento Irán!”, y de nuevo el eco: “¡Copiado, lanzamiento Irán!”. Esta vez fue un simulacro… pero el mes pasado fue real, cuando Irán lanzó una serie de misiles hacia la base estadounidense en Qatar, en respuesta a ataques previos.
“Ese día el ambiente era tenso”, recuerda la teniente coronel Ann Hughes. Gracias al rastreo y a la información enviada a las defensas en tierra, lograron proteger al personal y a toda la instalación.

La Fuerza Espacial fue creada hace apenas cinco años, durante el mandato de Donald Trump, quien describió el espacio como “el nuevo campo de batalla”. Hoy, sus Guardianes están 24/7 vigilando lo que pasa sobre nuestras cabezas. La base ya es pieza clave en el ambicioso proyecto del “Domo Dorado”, un escudo antimisiles al estilo del israelí Iron Dome, al que EE.UU. ha destinado 175 mil millones de dólares (aunque muchos creen que costará aún más).
El teniente general David Miller advierte que las amenazas no paran de crecer, especialmente por el desarrollo de misiles hipersónicos de China y Rusia, capaces de viajar a más de cinco veces la velocidad del sonido. También mencionó los Sistemas de Bombardeo Orbital Fraccional, casi imposibles de rastrear. Según Miller, eso obliga a considerar “interceptores espaciales” y a prepararse para un posible conflicto en el espacio.

Por su parte, la coronel Phoenix Hauser, jefa de la unidad de Inteligencia Delta 7, explica que su equipo monitorea miles de puntos luminosos en sus pantallas: los cerca de 12 mil satélites actualmente en órbita. Para finales de la década podrían ser 60 mil, muchos de ellos chinos. “El espacio ya está congestionado y disputado. Vemos satélites con interferencias electrónicas, láseres, redes y brazos mecánicos para desviar otros satélites”, alerta.
Durante la Operación Martillo de Medianoche —los recientes bombardeos de EE.UU. contra el programa nuclear iraní—, los Guardianes fueron clave para que los bombarderos B-2 pudieran operar sin ser detectados. Usaron su dominio del espectro electromagnético para bloquear interferencias y garantizar ataques de precisión guiados por GPS.
El coronel Angelo Fernández, líder del Delta 3, muestra las antenas y equipos que pueden desplegar en cualquier lugar del mundo para interceptar y silenciar comunicaciones enemigas con potentes emisiones de ruido. “Pudimos abrir un corredor aéreo y proteger nuestros activos”, afirma.
Miller tiene claro que la superioridad espacial es vital para el ejército estadounidense. Y lanza una advertencia contundente: “Cuando el ejército de EE.UU. se enfoca en algo… ¡que Dios te ayude!” 💥
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