En #Nagyrev, un pueblito húngaro a unos 130 km al sur de #Budapest, entre 1911 y 1929, ocurrió algo que todavía deja boquiabiertos a historiadores: decenas de #hombres murieron envenenados… y todo apunta a sus #esposas 😳. La historia se mantuvo oculta por años, hasta que en 1929 la policía comenzó a excavar los cuerpos en el cementerio y encontraron arsénico, la pista que destapó todo.

El epicentro de los hechos fue Zsuzsanna Fazekas, la partera del pueblo, que llegó en 1911. Conocida por sus remedios medicinales y conocimientos químicos, se convirtió en la confidente de todas las mujeres. Según testimonios, Fazekas les decía: “si tienen problemas con sus maridos, yo tengo la solución“. Y vaya que la tenía… 💀.
Los primeros envenenamientos ocurrieron apenas llegó Fazekas, y durante 18 años, entre 45 y 50 hombres murieron, muchos esposos y padres, mientras la Primera Guerra Mundial y la caída del imperio Austro-Húngaro sacudían la región. El pueblo empezó a ganar un oscuro apodo: “el distrito de los asesinos”.
Pero, ojo, Fazekas no actuó sola. En 1929, 26 mujeres del condado de Szolnok fueron llevadas a juicio: ocho recibieron pena de muerte y siete pasaron el resto de su vida en prisión. La mayoría nunca admitió sus crímenes, y los motivos siguen siendo un misterio: abuso, maltrato, matrimonios forzados y la pérdida de libertad mientras los hombres estaban en la guerra son algunas pistas.

Los archivos del juicio y testimonios posteriores revelan que muchos hombres habían sido crueles: golpeaban, violaban y explotaban a sus esposas. Fazekas incluso realizaba abortos clandestinos, algo prohibido en la época, y convencía a las mujeres de que podían cambiar su destino. Algunas teorías dicen que la codicia, la pobreza y el aburrimiento también jugaron su papel.
Curiosamente, algunos reportes sugieren que este fenómeno no se limitó a Nagyrev: en la cercana Tiszakurt, también se encontraron cuerpos con arsénico, y el número total de víctimas en la región podría haber llegado a 300.

Al final, tras los envenenamientos, las relaciones en los hogares cambiaron: el comportamiento de los hombres con sus esposas mejoró notablemente. Un oscuro capítulo que mezcla desesperación, abuso y justicia propia, y que todavía genera debate entre historiadores y curiosos por igual.
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