En #México, un #árbol, la tierra o un bosque parecen hablar con más verdad que el propio sistema judicial. Esa es la premisa que atraviesa Raíz que no desaparece, la más reciente novela de la escritora mexicana #AlmaDeliaMurillo (Ciudad #Nezahualcóyotl, 1979), donde la memoria, los sueños y hasta la naturaleza se vuelven aliados de las madres buscadoras.

La autora convivió con ellas en jornadas de rastreo y largas charlas, y de ahí nació esta mezcla de crónica y ficción que se adentra en una de las heridas más dolorosas del país: más de 130 mil personas desaparecidas desde 2007, entre ellas miles de niñas, niños y adolescentes.
Murillo asegura que el libro busca despertar empatía: “Quiero que nos pongamos en los zapatos de esas mamás, que entendamos lo que sueñan, lo que sienten, y si hace falta llorar, que lloremos, porque eso nos humaniza y nos obliga a reaccionar”, explicó durante el HAY Festival Querétaro (4 al 7 de septiembre).
En la novela, los personajes —como la entrañable Ada— cargan con la incertidumbre de no saber dónde están sus seres queridos. Los sueños, las cartas y hasta los árboles se convierten en pistas que revelan fragmentos de verdad donde las autoridades solo entregan silencio.

La escritora no se guarda nada: recuerda la fosa encontrada en Jalisco en marzo de este año, donde había miles de prendas, mochilas y zapatos exhibidos en una página web para que las madres pudieran identificar a sus hijos. “Esto es un exterminio, y cada mes hay más desaparecidos”, lamenta.
Para Murillo, México es un país de contrastes: “Es como estar parados sobre una fosa eterna, pero al mismo tiempo subirse a la camioneta después de una búsqueda y poner música para cantar y bailar, porque si no, no hay forma de soportar el dolor”.
Los árboles también son protagonistas, no de manera fantasiosa, sino científica. La autora explica que las madres han aprendido a leer la naturaleza: un tronco quemado puede indicar una ejecución, un terreno alterado puede esconder cuerpos. “La tierra tiene memoria, y a veces revela lo que la justicia oculta”, dice Murillo.

Y aunque muchos ven estas desapariciones solo como “violencia del narco”, la escritora enfatiza que el Estado también es corresponsable, pues administra la violencia sin resolver el gran pendiente: encontrar a los desaparecidos. “No hablamos solo de cifras, hablamos de niñas y niños captados con falsas ofertas de trabajo y obligados a servir al crimen organizado. Eso es un crimen de lesa humanidad”, sentencia.
En Raíz que no desaparece, la memoria juega un papel vital. Ada, una madre buscadora, va perdiendo la suya mientras intenta preservar la de su hijo desaparecido. Esa contradicción, explica Murillo, refleja cómo el dolor extremo puede incluso afectar la mente.
Al final, el mensaje es claro: la memoria no se puede dejar morir. Por eso la autora insiste en escribir, en levantar espacios de memoria y en dejar constancia: porque mientras el Estado calla, la voz de las madres, los árboles y hasta los sueños siguen gritando dónde están sus hijos.
amaneciendo.com.mx Tu ventana al mundo