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El legado olvidado de Hernán Cortés en pleno corazón de CDMX.😬

En pleno Centro Histórico de Ciudad de México, la tumba de Hernán Cortés, el conquistador que derrocó a los aztecas en 1521, vive sumida en el abandono. Rodeada de basura, vendedores ambulantes y activistas que fuman marihuana en la plaza de enfrente, su lugar de descanso refleja cómo la historia de la conquista sigue generando polémica y tensando la relación entre México y España.

La Iglesia de Jesús Nazareno, construida por orden de Cortés en la década de 1520, apenas recibe feligreses. Afuera, bajo vitrales rotos, las personas sin hogar hacen de las suyas y la basura se acumula. A pocos metros, un mural inconcluso que representa el apocalipsis vigila la tumba, mientras un busto del conquistador parece mirar la escena con indiferencia.

El sacerdote Efraín Trejo, encargado de la iglesia, lamenta que Cortés sea juzgado solo por sus actos violentos. “Es incómodo que hoy quieran evaluar la historia con ojos modernos. ¿Qué dirán de nosotros en unos siglos?”, comenta mientras abre las puertas de madera para recibir a un visitante. Su tumba, incrustada en un muro de piedra, no tiene adornos, en contraste con sepulturas de personajes menos relevantes pero con más dinero.

La historia de los restos de Cortés es tan caótica como su legado: murió en España en 1547, fue enterrado allí, pero su familia trasladó sus huesos a México, moviéndolos entre conventos y finalmente colocándolos en la iglesia. Durante el siglo XIX, tras la independencia, se escondieron para evitar profanaciones y solo en 1946 se confirmó su ubicación actual.

La opinión sobre Cortés sigue dividida. Muchos mexicanos lo ven como responsable de la destrucción de pueblos indígenas, mientras que en España su imagen es más neutral. La presidenta Claudia Sheinbaum ha pedido disculpas por las atrocidades de la conquista y ha remarcado acciones como la orden de matar a Cuauhtémoc en 1525. Sin embargo, cualquier disculpa formal por parte de España parece políticamente inviable.

Alrededor de la iglesia, la vida continúa: vendedores de comida y ropa improvisan sus puestos frente al mural del encuentro entre Cortés y Moctezuma, mientras activistas de Comuna 420 establecen su “zona de tolerancia” para fumar marihuana, sin intervención de la policía. “El aroma no se puede ignorar”, reconoce el padre Trejo.

El Hospital de Jesús, fundado por Cortés para los soldados españoles, sigue funcionando 500 años después. Allí, entre colibríes y patios soleados, abundan los homenajes al conquistador: bustos, pinturas y estatuas. Sin embargo, los responsables admiten que los vínculos con Cortés complican la obtención de fondos, sobre todo desde que Morena gobierna y exige una disculpa a España.

Ulises Salomón, vendedor ambulante indígena, resume el sentir de muchos: “Cortés es una ofensa para los pueblos originarios”. Y aunque la tumba permanece casi ignorada por los transeúntes y turistas, su historia sigue viva, marcada por la controversia, el abandono y las heridas de un pasado que todavía divide opiniones.

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Autor Redacción Amaneciendo

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