En #SantaCruz, #California, Chris Zephro observa su almacén lleno de #MáscarasDeLátex, accesorios de “#Saw” y juegos de $zombis, mientras siente cómo su negocio sangra de verdad, no solo con sangre falsa. Desde que la administración de #Trump inició su guerra comercial con #China la primavera pasada, su empresa, Trick or Treat Studios, ha tenido que pagar más de US$ 800,000 en aranceles.

“El terror no es solo Halloween, es un estilo de vida”, dice Zephro, pero confiesa que despedir a 15 empleados por primera vez en 15 años fue uno de los días más duros de su vida. “Conozco a sus familias, espero que vuelvan”, añadió, mientras lamenta que otras compañías del sector hayan cerrado por lo mismo.
El aumento de aranceles en abril, que llegó hasta 145 % antes de bajar al 30 % en mayo, congeló muchos pedidos de Halloween, limitando inventarios y elevando los precios. La Federación Nacional de Minoristas estima que cada persona gastará US$ 114,45 esta temporada, unos US$ 11 más que el año pasado.

Compradores como Reyna Hernández sienten el golpe directo. Para disfrazar a su hijo de seis años de Carl de “The Walking Dead”, pagó US$ 30 por un sombrero, y asegura: “No podemos permitirnos esto, mucha gente no va a poder comprar un disfraz este año”.
Importadores como Zephro absorben parte del costo (alrededor del 60-70 %) y trasladan el resto a minoristas como Ryan Goldman, de Phantom Halloween. Este intenta mantener los precios lo más bajos posible, aunque estima que algunos disfraces subirán entre US$ 5 y US$ 10, sobre todo los de adulto. Algunos productos fabricados en México, Vietnam, India o Reino Unido se mantienen sin cambios gracias a acuerdos previos.
Algunos artículos, como el animatrónico gigante “Cagey el Payaso”, se quedaron en la tienda del año pasado porque venderlos ahora costaría cerca de US$ 600, frente a los US$ 399,99 originales. Lo mismo pasó con figuras de acción a escala 1/6, que solo quedan las importadas antes de los aranceles.

Zephro asegura que los aranceles perjudican a negocios estadounidenses y critica que la manufactura se haya trasladado al extranjero: “Si queremos que la producción vuelva aquí, hay que analizar por qué se fue y no castigar a quienes usan fábricas que ya no existen”.
Goldman, con décadas de experiencia en Phantom Halloween, dice que este año ha sido un golpe tras otro: incendios, inflación y ahora aranceles. “Las consecuencias no son agradables y muchas familias sentirán la carga”, concluye.
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