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“Volvimos a nacer”: la historia de Don Layo y Doña Elo, una pareja que sobrevivió a las inundaciones en Veracruz.💔

Hilario Reynosa y su esposa, Elodia Reyes, conocidos por sus vecinos como Don Layo y Doña Elo, vivieron uno de los momentos más aterradores de su vida cuando el agua arrasó con su casa en Poza Rica de Hidalgo, al norte de Veracruz. “Volvimos a nacer los dos”, dice él, recordando cómo lucharon contra la corriente durante la tormenta que dejó al menos 66 muertos en Veracruz, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí e Hidalgo. 😢

Todo comenzó cuando el rugido del agua retumbó dentro de su casa y el ropero se vino abajo. Don Layo apenas alcanzó a decirle a su esposa que se aferrara a su cuello con todas sus fuerzas. Pero en cuestión de segundos, el nivel del agua subió hasta el pecho, llevándose consigo muebles, recuerdos y parte de su hogar.

Don Layo, que ha sido pescador toda su vida, construyó su casita de madera y lámina con el esfuerzo de años de trabajo. Su experiencia en el mar lo salvó esa noche, porque sabía cómo leer las corrientes y moverse en el agua. Pero su esposa no sabía nadar. “El agua subía rapidísimo, yo la sostenía, pero la corriente me la arrancó”, recuerda con la voz entrecortada.

Aún sin verla, nadó desesperado entre escombros, ramas y piedras que lo golpeaban por todos lados. “Pensé que ya se había perdido mi viejita”, dice. Fue entonces cuando un vecino le gritó desde otra casa: “¡Ahí está, mírala!”.

Gracias a que ya amanecía, pudo distinguir la cabeza de Doña Elo entre el agua marrón, aferrada milagrosamente a un compresor blanco de aire acondicionado, casi a la altura del techo de una casa. Con toda la fuerza que le quedaba, Don Layo nadó entre cercas y postes hasta llegar a ella.

“Me tropecé con una varilla, me hundí, pero logré soltarme y la alcancé. La subí sobre la caja blanca para que no se hundiera”, cuenta. En videos que circularon en redes sociales, se les ve abrazados en medio de la corriente, él sujetándola con ternura mientras ella tiembla de frío.

Le sobé las piernitas, porque tenía mucho frío y le subió la presión. Ahí fue cuando sentí que los dos habíamos vuelto a nacer”, dice mostrando los moretones en sus piernas y abdomen.

Poco después, dos hombres en lancha llegaron hasta ellos y los rescataron. Navegaron por lo que antes era su calle, pero ahora solo quedaban barro y escombros donde alguna vez estuvo su casa.

Aunque perdieron todo, hoy agradecen a Dios por seguir vivos. “La casa se fue, pero aquí estamos los dos”, dice Doña Elo con una sonrisa cansada.

Mientras tanto, decenas de personas siguen desaparecidas tras las lluvias que arrasaron comunidades enteras en la región. Pero entre tanto dolor, la historia de Don Layo y Doña Elo se ha convertido en un símbolo de esperanza y amor que resiste incluso a las peores tormentas. 💧

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Autor Redacción Amaneciendo

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