En pleno recorrido por el Googleplex, Sundar Pichai —el siempre reservado CEO de Google— presume de todo: desde el esqueleto gigante de dinosaurio, la cancha de voleibol de playa y hasta los googlers que comen felices bajo el sol suave de noviembre. Pero lo que de verdad quería presumir era un laboratorio escondidito entre árboles: el lugar donde Google cocina su “arma secreta”.

Ahí se encuentran las famosas TPU (Unidades de Procesamiento Tensorial), unos chips que parecen X cosa pero que, según Pichai, pronto van a mover prácticamente todas las consultas de IA de Google. En otras palabras: podrían convertirse en uno de los aparatos más importantes de la economía global.
Pichai lo dice fuerte y claro:
“La IA es la tecnología más profunda en la que hemos trabajado como humanidad… pero claro, habrá disrupciones sociales”.
El problema es la duda que ya anda rondando a todos: ¿esto es un boom real o una burbuja gigante que está a nada de explotar? Porque si llega a tronar, el golpe podría parecerse al de las puntocom de principios del 2000.
Alertas desde arriba.
El Banco de Inglaterra ya avisó que los mercados financieros se ven “excesivamente inflados”, especialmente cuando hablamos de empresas enfocadas en IA. Y Sam Altman, de OpenAI, tampoco se anda con rodeos: dice que hay áreas de la IA “claramente sobrevaloradas”.

Cuando le preguntaron a Pichai si Google podría escapar de un eventual estallido, respondió que podrían aguantar, pero también soltó:
“Nadie será inmune, ni siquiera nosotros”.
Eso sí: eso no les impide meter más de 90 mil millones de dólares al año en desarrollo de IA, tres veces más que hace cuatro años.
El boom más grande de la historia.
Google y otros cuatro titanes tecnológicos ya acumulan un valor de 15 billones de dólares. Nvidia, la reina de los chips, vale más de 5 billones. Alphabet, la mamá de Google, anda por los 3.3 billones y duplicó su valor desde abril.

A unos minutos de ahí, Apple vale 4 billones, Meta 1.9 billones y OpenAI, incluso sin cotizar en bolsa, ya está valorada en 500 mil millones.
El problema:
El mercado gringo depende peligrosamente de solo unos cuantos gigantes.
Los famosos “Siete Magníficos” ya representan un tercio del S&P500.
Pichai dice que la historia es cíclica:
Computadoras → Internet → Móviles → Nube → Y ahora la era de la IA.

Entre la emoción y la locura.
Pichai acepta que:
“En momentos así hay racionalidad… y también irracionalidad”.
Y la gran diferencia hoy es quién tiene dinero para seguir construyendo IA y quién tiene que endeudarse para conseguir chips.
Eso nos lleva directo al laboratorio secreto de Google.
Laboratorio de chips: donde el futuro hace ruido.
El lugar parece cancha techada: cables por todos lados, luces, servidores rugiendo a todo volumen. La entrada tiene mil letreros de “Acceso restringido”.

Ahí se prueban las TPU, chips hechos a la medida para procesar IA, distintas a las CPU y GPU tradicionales. Google ya va en su versión más reciente, llamada Ironwood.
La guerra por los chips.
Hay una competencia salvaje por conseguir chips de alto rendimiento para IA. Tan salvaje que se cuentan anécdotas como la famosa cena en Nobu, donde Elon Musk y Larry Ellison básicamente le rogaron a Jensen Huang (Nvidia) que les vendiera más GPU.
Todo para sostener centros de datos que algunos líderes, como Mark Zuckerberg, dicen que ya tienen el tamaño de Manhattan.
OpenAI y su propia tormenta.
OpenAI quiere hacer sus propios chips, pero se duda si podrá lograrlos sin apoyo gubernamental. Altman dijo que no necesitan un “rescate” del gobierno, pero sí consideraría que los países construyan y sean dueños de su propia infraestructura de IA.
La empresa planea inversiones por 1.4 billones de dólares en los próximos ocho años.
A pesar de esto, algunas empresas de infraestructura han sufrido caídas fuertes, como Coreweave, que perdió 26% de su valor en días recientes.

Gemini vs chatgpt: la guerra directa.
Google lanzó Gemini 3.0 para competir de lleno contra ChatGPT. Pichai asegura que la idea es fortalecer el ecosistema de información, no depender solo de la IA.
Pero la otra gran duda sigue:
¿De dónde saldrá la energía para tanto centro de datos?
El FMI estima que para 2030, los centros de datos consumirán casi tanta electricidad como India en 2023.
Pichai dice que sí es compatible crecer en IA y cumplir metas de energía limpia, pero que los gobiernos deben ampliar su infraestructura.
Lecciones de la burbuja del 2000.
Amazon cayó a 6 dólares por acción en el desplome puntocom… y hoy vale 2.4 billones. Google sobrevivió gracias a su cofundador Larry Page.
Moraleja:
No todas las empresas mueren en una burbuja. Algunas salen más fuertes.
La verdadera razón por la que nadie suelta la IA.
Detrás del riesgo económico hay un premio mayor:
la inteligencia artificial general (IAG) y, más allá, la superinteligencia artificial.

Además, esto ya no es solo negocio:
es una batalla geopolítica entre Estados Unidos y China por el dominio tecnológico del siglo XXI.
Aunque algunas empresas van a caer, otras —como Google y Nvidia— van a dejar una huella gigantesca con la infraestructura que están construyendo. Y esa infraestructura va a definir cómo trabajamos, cómo aprendemos y quién manda en el mundo en las próximas décadas.
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