Ser papá y trabajar desde casa suena bonito, pero también te mete en cada situación, amiks. Y si no, que le pregunten a este desarrollador de inteligencia artificial que, entre código y proyectos, está criando a su hijo de 4 años, Omie, en pleno boom de la IA.

Un día, el niño se metió a su despacho y soltó la pregunta más inocente y a la vez más intensa: “Papi, ¿quién es ese hombre?”. El papá volteó a ver la pantalla y entendió todo: no era un compañero de chamba, sino un avatar hiperrealista, parte de un proyecto para crear actores digitales con personalidad propia. Y claro, el niño pensó que era alguien real. 😅
Este desarrollador —que ha estado detrás de proyectos pesados como LaMDA de Google, precursor de Gemini— lleva días dándole vueltas al tema. Dice que cree en la IA y en lo mucho que puede ayudarnos, desde resolver broncas más rápido hasta liberar tiempo para lo realmente importante. Pero, aun así, él mismo siente dudas del mundo al que crecerá su hijo.
Y no es paranoia: 61% de los padres en una encuesta reciente confesaron que les preocupa que tanta IA afecte el pensamiento crítico de sus hijos. La pregunta del millón es: ¿usar IA los frena o no usarla los rezaga?
El futuro está medio incierto, pero él le apuesta a algo: si los niños aprenden a pensar por sí mismos y a ser creativos desde chiquitos, van a sobrevivir el mundo con IA sin problema.
Le preguntaron hace poquito si dejaría que Omie usara ChatGPT cuando ya supiera teclear. Y aunque entiende que los modelos grandes a veces dan “respuestas fáciles” que bloquean el esfuerzo mental, también sabe que tarde o temprano los niños van a usar estas herramientas. De hecho, la mayoría de los universitarios ya las usa sin falla.
Su plan es simple: sí dejarle usar ChatGPT, pero enseñándole a verificar información, dudar y contrastar datos, porque las computadoras también se equivocan, sobre todo si aprendieron cosas chuecas en internet.
En cuanto a la educación de su hijo, él se inspira en métodos que impulsan a los niños a hacer preguntas, investigar a su modo y resolver problemas reales. Las decisiones éticas, los dilemas sin una sola respuesta correcta… eso solo lo pueden hacer los humanos.
En casa, su dinámica es pura creatividad. Juegan improvisación: Omie inventa héroes, villanos y poderes; y su papá le pone retos absurdos, como cocodrilos de agua salada o ataques de hielo que solo se detienen con muros de lava. Aunque no cree que la IA sustituya la creatividad, sí la usa como herramienta para agregarle sabor al juego, creando imágenes o canciones que acompañan sus aventuras.
Y como asesor de instituciones en ética de IA, el papá dice que esas pláticas se sienten como negociar con un niño a la hora de dormir: ¿qué límites son justos?, ¿cuánta libertad se permite?, ¿qué pasa cuando las reglas chocan con el crecimiento? No hay respuestas definitivas, pero lo importante es discutirlo juntos.
Para él, los papás deben participar en estas decisiones. Sugiere exigir controles parentales obligatorios en programas de IA, y asegurarse de que la gente tenga poder sobre el uso de sus datos, especialmente los que entrenan los modelos.
Al final, el sueño de este desarrollador es que Omie crezca en un mundo donde existan dos versiones de todo: la hecha con IA, rápida y automática, y la hecha por humanos, con cariño y valor propio. Quiere que su hijo admire las obras creadas a mano, pero también use la IA para contar historias donde él sea un héroe ingenioso, listo para enfrentar retos que todavía ni imaginamos. 💛
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