La Comisión Federal de Electricidad colocó dos nuevos bonos de referencia por un monto total de mil 500 millones de dólares en los mercados financieros internacionales, una operación que el gobierno presume como logro pero que en realidad profundiza el endeudamiento de la empresa estatal.

El primer instrumento fue un bono a ocho años con tasa de 6.045 por ciento, destinado a recomprar deuda existente con vencimiento en 2027 y 2029 por mil millones de dólares. El segundo fue un bono amortizable a 25 años con tasa de 6.5 por ciento para financiar proyectos de inversión durante 2026.
La operación atrajo a 270 inversionistas institucionales y registró una demanda de 10 mil 451 millones de dólares, equivalente a siete veces el monto emitido. El gobierno lo presenta como demanda histórica, pero la realidad es que CFE sigue necesitando deuda para funcionar.
Los bonos recibieron calificaciones de grado de inversión de Fitch, Moody’s y S&P, lo cual facilita el acceso a crédito pero no resuelve los problemas estructurales de la empresa.
La emisión fue coordinada por Bank of America, BBVA, Citi, HSBC y JP Morgan, con Morgan Stanley, Santander y Scotiabank como colocadores. La dependencia de bancos internacionales para financiar operaciones básicas contradice el discurso de soberanía energética que abandera el gobierno de Sheinbaum.
Mientras CFE celebra su regreso a los mercados tras 16 meses de ausencia, la deuda sigue creciendo y los contribuyentes mexicanos cargan con las consecuencias.
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