Lo que empezó como una imagen absurda terminó destapando algo mucho más grande. Théodore, un estudiante parisino de 20 años, se topó en Facebook con una fotografía creada con inteligencia artificial: dos niños del sur de Asia, desnutridos, con barbas espesas, uno sin manos y con un solo pie, sentados en plena calle bajo la lluvia… con pastel y velas de cumpleaños. El cartel decía: “es mi cumpleaños” y pedía un “me gusta”.

Aunque la imagen tenía todos los errores típicos de la IA, se volvió viral y acumuló casi un millón de reacciones.
“Me quedé atónito”, cuenta. “Estas imágenes absurdas estaban por todos lados y nadie parecía notarlo”.
Así nació su cuenta en X, donde comenzó a exhibir lo que él llama “basura de IA”: contenido falso, mal hecho y diseñado para generar clics fáciles. En poco tiempo reunió más de 130 mil seguidores y su bandeja se llenó de ejemplos similares.
Los patrones eran claros: religión, militares o niños pobres haciendo cosas conmovedoras. Historias fabricadas que apelan a la emoción y se viralizan sin filtros.
La tercera fase de las redes.
En plena ola de resultados financieros, Mark Zuckerberg, CEO de Meta, aseguró que las redes sociales entraron en una “tercera fase”: ahora dominada por la IA.

Meta, dueña de Facebook, Instagram y Threads, no solo permite este contenido, sino que impulsa herramientas para crearlo.
En paralelo, Neal Mohan, director ejecutivo de YouTube, reconoció la preocupación por el contenido de baja calidad. Sin embargo, más de un millón de canales usaron herramientas de IA en un solo mes.
Un estudio de Kapwing reveló que 20% del contenido mostrado en una cuenta nueva de YouTube es video de IA de baja calidad. Y hay dinero de por medio: el canal indio Bandar Apna Dost suma más de 2 mil millones de visualizaciones, con ingresos estimados en millones de dólares al año.
Monstruos, parásitos y Jesús.
Théodore también denunció caricaturas perturbadoras: gatos salvando crías de “parásitos mortales”, mujeres transformándose en monstruos tras comerse gusanos y siendo “curadas” por Jesús.

Tras reportes, YouTube eliminó algunos canales por violar normas comunitarias. Pero la sensación, dice él, es que la avalancha es imparable.
Incluso plataformas como Pinterest tuvieron que habilitar opciones para que los usuarios filtren contenido generado por IA.
¿Nos importa si es real?
En comentarios, cada vez más usuarios expresan hartazgo. Videos de rescates imposibles o animales heroicos reciben más “me gusta” en los comentarios que critican la IA que en el propio contenido.
Pero toda interacción alimenta al algoritmo. Y ahí está el dilema.
Expertos como Alessandro Galeazzi, de la Universidad de Padua, advierten que esta saturación podría reducir nuestra capacidad de atención y fomentar lo que llaman “podredumbre cerebral”: consumir rápido contenido que sabemos que no es real ni relevante.
Mientras tanto, empresas como xAI y la red social X han enfrentado polémicas por el mal uso de herramientas de IA, incluyendo manipulación de imágenes sensibles.
¿Hay salida?
Algunos proponen crear sistemas que certifiquen el origen real de fotos y videos. Otros creen que podría surgir una red social “anti IA”, como ocurrió con BeReal, que apostó por la autenticidad sin filtros.

Pero detectar lo falso es cada vez más difícil. Y para muchos, la IA ya es parte permanente del ecosistema digital.
Théodore lo resume así:
“No estoy en contra de la IA. Estoy en contra de la contaminación en línea creada solo para obtener visualizaciones rápidas”.
La pregunta queda en el aire, notiamigs: ¿estamos ante una revolución creativa… o frente a una sobrecarga de contenido que está cambiando nuestra manera de pensar y consumir información? 👀
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