Una investigación del periodista Steve Fisher publicada en el Los Angeles Times sacudió la narrativa oficial del gobierno mexicano sobre el operativo que culminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes. Según el reporte, la verdadera razón detrás del asalto no fue un avance estratégico planificado con tiempo, sino el temor del gabinete de Claudia Sheinbaum a que Donald Trump ordenara una operación militar unilateral en suelo mexicano, similar a lo ocurrido en Venezuela.

Fisher detalla que la CIA y el FBI proporcionaron la ubicación exacta de El Mencho a la inteligencia militar mexicana el sábado 21 de febrero, y apenas 24 horas después se ejecutó el operativo. Días previos a la redada, un dron de vigilancia Predator, el mismo tipo de aeronave no tripulada utilizada para bombardear objetivos del Estado Islámico en Irak y Afganistán, sobrevoló a 20 mil pies de altura sobre los estados de Colima, Nayarit y Jalisco, rastreando las actividades del líder del CJNG y su aparato de seguridad.
La investigación revela un dato demoledor para quien sostenga que la operación fue exclusivamente mexicana: durante los últimos seis meses, la captura de El Mencho fue uno de los escenarios prioritarios dentro de los entrenamientos de soldados mexicanos conducidos por las Fuerzas Especiales de Estados Unidos. La fecha coincide con el permiso que Sheinbaum solicitó al Senado para que elementos estadounidenses permanecieran en territorio nacional del 15 de febrero al 16 de abril de 2026.
El reportaje también describe el blindaje de guerra que rodeaba al capo: casi 400 pistoleros vigilaban las rutas de acceso a su complejo principal, todas sembradas con minas terrestres. Oseguera empleaba inhibidores de radar contra drones y contaba con un equipo de hackers que infiltraban sistemas gubernamentales para monitorear movimientos militares. Su flota incluía vehículos blindados con cañones Gatling de seis cañones y lanzacohetes capaces de derribar helicópteros.
La paradoja del operativo es brutal: el gobierno mexicano actuó por miedo a perder su soberanía y, al hacerlo, dependió casi por completo de la inteligencia del país que amenazaba con violarla. A principios de febrero, la detención de un funcionario público vinculado al CJNG proporcionó las pistas sobre el círculo íntimo del capo que, combinadas con la vigilancia del Predator, sellaron su destino en una cabaña de Tapalpa donde había organizado una fiesta la noche anterior, con su equipo de seguridad fuera de alerta.
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