LO ESENCIAL
México atraviesa su mayor crisis de violencia en años. En Sinaloa, Michoacán, Guerrero, Zacatecas y Tamaulipas se reportan enfrentamientos, bloqueos carreteros, desapariciones y ejecuciones que paralizan la actividad económica y sembraron temor entre la población.
Analistas y organizaciones civiles atribuyen el crecimiento del crimen organizado a la estrategia federal de “abrazos, no balazos” aplicada durante los gobiernos de Morena. Advierten que la política dejó espacio para que células del narcotráfico consolidaran territorio y operaciones.
CONTEXTO
El caso más visible es el del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Autoridades estadounidenses investigan al mandatario y a diez colaboradores cercanos por presuntos nexos con “Los Chapitos”, facción del Cártel de Sinaloa. Las pesquisas aún no concluyen, pero la sombra de vínculos ilícitos ya golpea la percepción pública.

En Tamaulipas, el mandatario morenista Américo Villarreal enfrenta múltiples señalamientos públicos por presunto financiamiento ilícito en su campaña y supuestos contactos con el crimen organizado. Las acusaciones, difundidas en medios locales y nacionales, aumentan la presión sobre su administración.
EN PERSPECTIVA
La combinación de violencia en la calle y señalamientos a funcionarios ha profundizado la sensación de inseguridad. Homicidios, extorsiones, secuestros y desapariciones se repiten en carreteras y ciudades, sin que hasta ahora las autoridades exhiban resultados contundentes.
Organismos civiles exigen transparencia en las investigaciones y un viraje en la política de.
Etiquetas: Seguridad, Morena, Sinaloa, Tamaulipas, Crimen organizado, Violencia, Estados morenistas · crisis y seguridad, Hidalgo
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