LO ESENCIAL
Máximo Bistrot, ubicado en la Ciudad de México y distinguido con una estrella Michelin, vivió en 2013 una de sus historias más recordadas. Andrea Benítez, hija de Humberto Benítez Treviño, entonces titular de la Procuraduría Federal del Consumidor, llegó al establecimiento y se molestó porque no le asignaron una mesa de forma inmediata.
Horas después, inspectores de la Profeco suspendieron el restaurante. El chef y cofundador Eduardo García recordó en el podcast Como Comí que “fue muy duro para nosotros” aquel episodio, ocurrido cuando el negocio apenas consolidaba su reputación.

El local había abierto el 30 de noviembre de 2011, fruto del proyecto de García y su pareja Gabriela López, quienes se conocieron trabajando en Pujol. La repentina clausura los colocó en el centro de un escándalo de abuso de influencias.
CONTEXTO
La intervención oficial generó amplia indignación pública. Activistas y medios denunciaron el uso partidista del aparato regulatorio para resolver un conflicto menor, mientras que otros comensales confirmaron que el restaurante operaba con reservaciones previas y filas habituales.

Tras la presión mediática, la Profeco levantó la suspensión días después. Máximo Bistrot reabrió con normalidad, pero el caso quedó como ejemplo de cómo el poder político puede afectar a negocios privados cuando se ejerce sin contrapesos.
EN PERSPECTIVA
El incidente también aceleró la discusión sobre autonomía de los organismos de protección al consumidor. Legisladores de oposición solicitaron entonces una investigación administrativa, aunque no se conocieron sanciones formales contra funcionarios.

Para el sector restaurantero capitalino, el episodio se convirtió en referente de riesgo regulatorio. Varios propietarios relataron que, a partir de ese momento, reforzaron protocolos de atención y
Etiquetas: Profeco, Máximo Bistrot, Estrella Michelin, Andrea Benítez, Abuso de poder, Ciudad de México, Nacional · Consumo y estafas
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