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La precariedad y desigualdades de género en la industria textil mexicana #IndustriaTextil 📍

LO ESENCIAL

NOS PREGUNTAMOS SI UNA MARCA ES CIRCULAR, SI EL MATERIAL ES RECICLADO O SI UNA COLECCIÓN FUE PRODUCIDA LOCALMENTE. PERO HAY UNA PREGUNTA QUE TODAVÍA HACEMOS POCO ¿QUIÉN HIZO NUESTRA ROPA Y BAJO QUÉ CONDICIONES? La moda lleva algunos años intentando mirar hacia adentro. Hablamos de trazabilidad, materiales responsables, producción local, economía circular y consumo consciente. Las etiquetas se han convertido en pequeñas ventanas al origen de lo que compramos. Pero existe una parte de la cadena que todavía permanece fuera de cuadro: las personas detrás de la confección.

Antes de que una prenda sea una tendencia, una fotografía editorial, un TikTok o una pieza colgada en un showroom, alguien tuvo que cortarla, coserla, plancharla, revisarla y empacarla. En México, una parte importante de ese trabajo ocurre dentro de una estructura productiva desigual , donde la informalidad y la precarización tienen rostro de mujer. El reciente informe Hilando el cambio: hacia un trabajo justo en la industria maquiladora-textil en México , publicado por UNIDAS , una red de mujeres por el trabajo justo, pone números a una realidad que, aunque no siempre vemos, está cosida a nuestra ropa.

Y quizá lo más interesante del documento no sea solamente lo que dice sobre el trabajo textil, sino lo que nos obliga a preguntarnos sobre la industria de la moda que construimos alrededor de él. La moda también tiene una jerarquía Pensamos en la industria de la moda como un ecosistema creativo donde cohabitan diseñadores, estilistas, fotógrafxs, modelxs, compradores, directores creativxs . Debajo de esa capa visible, sin embargo, existe otra estructura mucho más extensa. La industria indumentaria en México emplea a más de un millón de personas y está formada por una combinación de grandes empresas, proveedores, pequeños talleres y trabajo a domicilio.

Es una cadena fragmentada, donde el tamaño de las unidades productivas importa mucho. Mientras apenas 0. 3% de los establecimientos son grandes empresas, estas concentran el 50. 7% de la producción. La concentración del valor convive con la fragmentación del trabajo. Y mientras más descendemos por esa cadena, más difícil resulta ver quién produce, bajo qué condiciones y quién responde cuando algo falla. Una industria obsesionada con la visibilidad de la marca, que depende de una cadena de producción diseñada para permanecer invisible, resulta una contradicción.

CONTEXTO

Ellas hacen la ropa, pero no necesariamente deciden sobre ella Las mujeres ocupan un lugar central dentro de esta fuerza laboral , pero eso no significa que tengan las mismas oportunidades dentro de la industria. Según los datos analizados en Hilando el cambio , 77% de las mujeres ocupadas en el sector se encuentran en condiciones de informalidad, frente a 53% de los hombres. La brecha también aparece en los ingresos: el promedio mensual para ellas ronda los $5,961 pesos, mientras que para los hombres alcanza los $10,281 . Hay otro dato especialmente revelador: solamente 3,83% de las mujeres trabajadoras ocupan cargos directivos, de coordinación o supervisión.

La precariedad y desigualdades de género en la industria textil mexicana 1

Las mujeres ocupan un lugar central dentro de esta fuerza laboral, pero eso no significa que tengan las mismas oportunidades dentro de la industria. La problemática no es exclusivamente mexicana ; las mujeres tienen una presencia enorme en la producción, pero una presencia mucho menor en los espacios donde se decide cómo se produce. La brecha tampoco se limita a los puestos directivos. Las ocupaciones técnicas, de mantenimiento, maquinaria, transporte y otros trabajos asociados con mayor especialización o esfuerzo físico están marcadamente masculinizados. La industria distribuye el trabajo de acuerdo con el género.

EN PERSPECTIVA

Cuando “flexibilidad” significa trabajar desde casa Otro aspecto a considerar es la relación entre precarización y cuidados. Las trabajadoras de la maquila textil dedican aproximadamente 52 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Los hombres, 36. Esa diferencia ayuda a explicar por qué ciertas formas de empleo aparentemente “flexibles” terminan concentrándose en las mujeres. El trabajo a domicilio es uno de los ejemplos más claros; la producción se traslada a la casa, llegan las piezas, se confeccionan, se entregan y se cobra por unidad. Parece compatible con cuidar hijxs, atender una casa o resolver otras responsabilidades.

Pero esa flexibilidad tiene un costo. Estas modalidades suelen operar sin contratos escritos, sin seguridad social y con ingresos particularmente bajos. El pago a destajo puede incentivar jornadas más largas, porque el ingreso depende directamente del número de piezas producidas. ¿Realmente es flexibilidad si la única manera de hacer compatible el trabajo con la vida es renunciar a derechos laborales? El precio de producir rápido La moda contemporánea funciona bajo una presión constante por producir más, responder más rápido y mantener precios competitivos. Las tendencias duran menos. Las colecciones se multiplican.

Las marcas necesitan reaccionar a lo que ocurre en tiempo real. Pero la velocidad también tiene una infraestructura.

Etiquetas: Moda, Industria textil, Precariedad, Desigualdad de género, Lifestyle · Moda, belleza y lujo, Hidalgo, Lifestyle · Moda, belleza y lujo

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