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Agenda feminista en Colombia enfrenta su mayor desafío político en medio siglo #Colombia 🌍

LO ESENCIAL

En momentos decisivos de la historia política, la complejidad de las paradojas solo se revela al cerrarse un ciclo. El panorama que el gobierno de Gustavo Petro deja al feminismo colombiano es una de las contradicciones más incómodas de nuestra historia reciente.

Se cierra un ciclo desconcertante para el primer proyecto político que incorporó explícitamente apuestas y liderazgos feministas, que creó uno de los mecanismos de igualdad de género más ambiciosos de los que tengamos memoria e intentó institucionalizar una visión interseccional de la igualdad.

Se despide dejándonos ante un escenario de gran vulnerabilidad para nuestras propias agendas en la antesala de la llegada al poder de una nueva mayoría que ya empieza a coquetear abiertamente con iniciativas dispuestas a restringir y desmantelar los derechos que nos costó décadas conquistar.

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Por generaciones, el movimiento feminista colombiano se dejó la piel en las calles para que la equidad dejara de ser un adorno marginal en los pasillos del poder.

CONTEXTO

Sabíamos que no bastaba con la cosmética política de tener a más mujeres ocupando ministerios; exigíamos que el Estado reconociera que las deudas de género, étnicas, territoriales y de clase requerían estructura, presupuestos reales y capacidad de respuesta.

Queríamos, en pocas palabras, que la dignidad de las mujeres dejara de depender de la buena voluntad del gobernante de turno para convertirse en una responsabilidad permanente del Estado. Por eso, sería de una miopía y una injusticia histórica negar el peso político de este periodo.

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EN PERSPECTIVA

Nunca antes se había acogido nuestra agenda con tanta disposición desde las tarimas del poder, ni se había asumido el reto histórico de crear un Ministerio de la Igualdad. Y eso importa. Las instituciones también construyen realidad: nombran los dolores que antes se barrían debajo de la alfombra y alteran las prioridades de la tecnocracia.

Gracias a esa apuesta, mujeres negras, indígenas, campesinas y lideresas territoriales históricamente expulsadas de la foto oficial ocuparon espacios que antes les estaban vedados. Borrar ese avance simbólico y material, incluso si para algunos sectores el balance final resulta insatisfactorio, sería un error de lectura que no nos podemos permitir.

La intención de mantener y profundizar estas apuestas sigue siendo un faro necesario. No deja de ser un giro perverso del destino que esta intemperie coincida, milimétricamente, con el inicio de la era de Abelardo de la Espriella. Nos quedamos sin la conducción estatal de la agenda de género y con la estructura institucional desmantelada, a las p

Etiquetas: feminismo, Colombia, derechos, Gustavo Petro, Abelardo de la Espriella, Ciencia curiosa · Hallazgos y arqueología, Hidalgo

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