La llegada de miles de maestros de la CNTE a la capital volvió a evidenciar el desgaste entre el magisterio disidente y el gobierno federal. En pleno arranque de su paro nacional de 48 horas, los docentes intentaron derribar las vallas metálicas colocadas alrededor de Palacio Nacional, lo que derivó en un forcejeo con elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana que contuvieron el avance con escudos antidisturbios.

El despliegue no es menor: el magisterio anunció bloqueos en el Zócalo, el Congreso, el AICM y los accesos carreteros a la capital. Su exigencia central —abrogación de la Ley del ISSSTE 2007, mejores condiciones laborales y un salario digno— no ha sido atendida, pese a las mesas de negociación que el propio gobierno presume.
Los maestros aseguran que las reuniones han sido simuladas, pues ninguna de sus demandas estructurales ha avanzado. Afirman que las condiciones de precariedad, falta de materiales y bajos sueldos persisten, mientras que la SEP y la Secretaría de Gobernación únicamente “administran el conflicto” sin resolverlo. Incluso denunciaron que, durante la madrugada, autoridades capitalinas bloquearon el ingreso de algunos de sus autobuses.
El intento de ingresar a Palacio Nacional, explicaron, buscaba forzar un encuentro directo con la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, tras ser rechazados, iniciaron su movilización.
La respuesta oficial ha sido defensiva. Rosa Icela Rodríguez aseguró esta semana que el gobierno ha atendido las peticiones del magisterio en 22 mesas de trabajo y que la presidenta se ha reunido más de diez veces con los líderes de la CNTE. Presumió un aumento salarial del 10 % y la “congelación” de la edad de jubilación, defendiendo que la administración ha sido sensible al magisterio.
Pero la CNTE acusa que esos anuncios son más propaganda que solución. Según la coordinadora, los incrementos no compensan la pérdida de poder adquisitivo y las modificaciones al sistema de pensiones siguen vigentes. Reprochan además que el discurso oficial intenta deslegitimar el movimiento al tildarlo de político, en lugar de reconocer el abandono estructural que viven miles de docentes.
Mientras el gobierno insiste en mantener el control de Palacio Nacional con vallas y operativos, el conflicto magisterial vuelve a demostrar que la narrativa de diálogo tiene grietas profundas. El paro continúa y la presión sobre una administración que prometió cercanía con los trabajadores de la educación solo aumenta.
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