LO ESENCIAL
La industria cosmética mantiene una relación ambivalente con el envejecimiento. Durante décadas, ha utilizado la imagen de las personas mayores de 60 años principalmente como advertencia de lo que debe corregirse, proyectando la madurez como una serie de deficiencias estéticas que exigen intervención inmediata.
Esta representación condiciona el consumo y impacta la autopercepción de un grupo que posee poder adquisitivo relevante pero se siente ajeno a los cánones que las marcas intentan imponer. El edadismo publicitario se manifiesta mediante modelos que, si bien superan los sesenta años, exhiben una apariencia distante de la realidad cotidiana de su generación.
Al presentar rostros excesivamente retocados o perfiles de juventud eterna, las campañas generan disonancia cognitiva. Los consumidores actuales, especialmente quienes llegan a la jubilación con vitalidad sin precedentes, exigen representaciones que honren la autenticidad de sus historias y la textura real de su piel, no promesas de invisibilidad para sus arrugas.
CONTEXTO
La psicología detrás de estas estrategias busca capitalizar la inseguridad. Al asociar bienestar y éxito social con la ausencia de signos de envejecimiento, la publicidad establece una jerarquía donde lo joven equivale a valor y lo viejo se reduce a problema químico. Este enfoque ignora que la belleza en la madurez reside en la

Las personas mayores comienzan a rechazar este mensaje, buscando marcas que hablen de cuidado personal y bienestar integral en lugar de corrección de defectos. La polarización en la representación de la tercera edad es evidente: figuras de extrema fragilidad vinculadas a productos de dependencia, o modelos de estilo de vida inalcanzable conocidos como "silver surfers".
EN PERSPECTIVA
Esta falta de matices deja un vacío en la representación de la mayoría, que se sitúa en un punto medio donde el envejecimiento es un proceso natural, aceptado y gestionado con dignidad. La necesidad de publicidad honesta se vuelve imperativa para evitar que este segmento se sienta excluido de la narrativa cultural predominante.
El impacto emocional de verse reflejado en un espejo deformado puede derivar en sensación de invisibilidad social. Cuando las empresas utilizan la imagen de los mayores solo para vender la ilusión de no serlo, niegan su identidad. En 2026, la conversación gira hacia la pro-edad, un movimiento que invita a disfrutar la madurez sin estigmas ni retoces digitales.
Etiquetas: publicidad, edadismo, belleza, adultos mayores, silver economy, cosmética, identidad, Lifestyle · Moda, belleza y lujo
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