LO ESENCIAL
Whatsapp La estética y la narrativa matchean cuando esta nueva tendencia made in TikTok, reacción natural al turismo instagramizado, saca del foco lo masivo y perfecto para poner en escena dos conceptos un tanto más incómodos: la extrañeza y la liminalidad. En otras palabras, ya no se busca la postal tradicional o icónica, sino espacios que emergen como “fallos en la realidad” (de ahí lo glitch ), que subsisten como renders que nunca terminaron (ni terminarán) de cargar, que regalan a la cámara una imagen irreal. Nostálgica. Inquietante.
Aunque no existe una definición formal del término, la idea comenzó a ganar fuerza en TikTok, Reddit y comunidades digitales vinculadas a la estética liminal. Bajo hashtags que reúnen millones de visualizaciones, usuarios de todo el mundo empezaron a compartir imágenes de espacios que parecen suspendidos entre lo real y lo artificial: aeropuertos vacíos, barrios demasiado simétricos, edificios imposibles o paisajes urbanos que lucen como errores del sistema. Lo que empezó como una sensibilidad visual terminó por convertirse en una forma distinta de viajar.
LOS SONIDOS DEL SILENCIO Uno de los ejes de esta tendencia es la arquitectura del silencio, aquella que por su naturaleza no dialoga con lo humano y ni siquiera invita a quedarse. De hecho, no busca ser cálida, acogedora ni tampoco narrable: es un tipo de arquitectura que no explica nada, solo está. Y a la vez, incomoda… Allí, la persona no es bienvenida, ya que las escalas de esas moles de cemento les son ajenas: uno se autopercibe como un píxel mínimo e insignificante, una mancha en movimiento cuya vitalidad no tiene nada que hacer entre el hormigón, el vidrio o el acero. No hay empatía alguna hacia el visitante de turno. La invitación no es a quedarse, sino a irse.

La sensación aparece con claridad en obras de Brasilia , concebidas desde una lógica monumental donde la escala urbana parece ignorar al peatón, o el Aeropuerto Internacional de Kansai, en Japón, cuya ubicación artificial sobre el mar y sus dimensiones casi abstractas refuerzan esa percepción de aislamiento. Aerial of domestic airport on the sea in Japan. El silencio, en la experiencia, no es solo una ausencia de sonido, sino también de narrativa: la persona no sabe por dónde entrar, qué tiene que mirar, ni cuánto permanecer.
CONTEXTO
CADA COSA EN SU LUGAR Radiohead podría ser tranquilamente la banda sonora de un viaje glitch : una de sus canciones (“Todo en su lugar correcto”, en la traducción al español) resume con simpleza otro de los pilares: los paisajes de la simulación. Que no son bellos, espectaculares ni grandilocuentes, pero sí parecen haber sido retocados con un filtro que los hace más simétricos, que les da más saturación, que acalla los ruidos, que lima sus imperfecciones. Así, todo queda alineado, como si nada fuera casual.

Urbanizaciones planificadas como Palm Jumeirah, en Dubái, o algunos desarrollos residenciales de nueva generación en China llevan esa sensación al extremo: vistas aéreas perfectamente calculadas, recorridos previsibles y una armonía tan absoluta que termina resultando extraña. Many modern cars in cargo port ¿La consecuencia? El visitante sospecha que no se trata de un lugar cien por ciento real, sino de una simulación que simplemente existe (y fue creada) para ser vista, y no vivida. Su perfección y exceso de coherencia interpela, inquieta y genera desconfianza. La sensación se genera tanto en la urbanización como en los paisajes naturales.
En la ciudad, con avenidas rectas y perfectas, y en la naturaleza, con patrones demasiado claros. DONDE NADIE VE Hay un último gran eje que sostiene el concepto de glitch travel : el “turismo del no‑lugar” , aquel que deja de lado lo icónico e identitario, y pone el foco en todo lo que no fue concebido para ser mirado.
EN PERSPECTIVA
Aeropuertos, autopistas, terminales, pasillos, rampas, viaductos… Algunos de los espacios más fotografiados por quienes siguen esta tendencia son justamente aquellos concebidos para ser atravesados y no observados: terminales aeroportuarias de madrugada, estaciones de servicio perdidas en medio de la ruta o estacionamientos interminables en las afueras de las grandes ciudades estadounidenses. En resumen, infraestructuras o espacios que son de tránsito y por ende no tienen un relato propio. No guardan memoria. No cuentan historias. No generan pertenencia. Se atraviesan y ya.
Gas station in the night on the road side in a german village Este punto es troncal por la contraposición respecto del turismo clásico, que pone énfasis en el quedarse, en el conocer, en el apropiarse. El “turismo del no-lugar”, en cambio, propone ver pero sin intervenir ni pertenecer. Una mirada despersonalizada, fría, distante, que encaja con el vacío de una terminal sin gente o de un aeropuerto de madrugada. ¿Lo interesante? Este fenómeno no escapa de las grandes ciudades, sino que se escabulle para reducirlas a espacios donde la identidad desaparece.
Lo único que busca captar la lente son estructuras impersonales y estéticas, que siguen funcionando aun cuando nadie las ve. CAMBIAR EL FOCO Hay algo claro: el glitch travel no solo propone una forma de viajar, sino que invita a transformar la mirada.
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