LO ESENCIAL
El yacimiento de Fincha Habera, en los montes Bale de Etiopía, aporta la evidencia más antigua de vida humana sostenida por encima de los 3 000 metros. Las excavaciones revelan que hace 30 000 años, en plena glaciación, un grupo logró establecerse a 3 300 metros sobre el nivel del mar.
Los arqueólogos encontraron restos de fogones, utensilios de obsidiana y abundantes huesos de roedores. La identificación taxonómica indica que se trata de ratas topo gigantes, un género endémico de alta montaña que pesaba hasta un kilogramo. Su carne representó la fuente principal de proteínas para los ocupantes del refugio.

CONTEXTO
La estratigrafía del sitio muestra uso intensivo y reiterado del espacio, aunque aún no se precisa si la ocupación fue permanente o estacional. Junto a los restos faunísticos aparecieron núcleos de obsidiana y lascas que confirman la fabricación in situ de herramientas cortantes.
La disponibilidad de agua glaciar y de material volcánico convierte al lugar en un punto de aprovisionamiento estratégico. El hallazgo adelanta varios milenios los registros previos de asentamiento humano en altura, superando cronologías conocidas del altiplano andino y de la meseta tibetana.

EN PERSPECTIVA
Los investigadores subrayan que la adaptación no dependió de grandes mamíferos como mamuts o ciervos, sino de la explotación sistemática de pequeños mamíferos locales. La dieta basada en ratas topo implica conocimiento previo de la biología de la especie y técnicas de cacería especializadas.
El estudio, publicado en una revista especializada, amplía la noción de flexibilidad ecológica del Homo sapiens durante el Paleolítico tardío. Los autores advierten que el caso etíope obliga a revisar modelos que vinculan altura con ocupación humana tardía y a ampliar la búsqueda de sitios similares en otras cordilleras del mundo.
Etiquetas: arqueología, prehistoria, altitud, glaciación, Etiopía, ratas topo, Homo sapiens, Fincha Habera
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