LO ESENCIAL
El estadio Azteca se prepara para ser el escenario del Mundial de Fútbol por tercera ocasión, con México y Sudáfrica en el partido inaugural. La Iglesia mexicana, atenta a este evento, ha extendido un mensaje de amistad y reconciliación. Se espera que el evento mundial inspire actitudes de esperanza y nos ayude a construir relaciones más humanas y fraternas, tanto dentro como fuera de las canchas.
Los obispos destacan que más allá de la competencia deportiva, el encuentro internacional nos recuerda que formamos una sola familia humana desde nuestra diversidad. A pesar de los dolores y conflictos del mundo, el deporte no debe ser un distractor, sino una oportunidad para poner nuestras diferencias al servicio de la justicia, la verdad y la paz.
CONTEXTO
En México, las rivalidades persisten en diversos ámbitos, pero los obispos confían en que se conviertan en espacios de diálogo y encuentro, en lugar de odio y exclusión. Exhortan a abrirse a la riqueza del hermano y tratarse con dignidad.

EN PERSPECTIVA
Las 48 selecciones que competirán en el mundial demuestran que la rivalidad puede ser una oportunidad de crecimiento y la competencia, un espacio de encuentro y respeto mutuo. El Papa León XIV aboga por que el deporte sea una escuela de fraternidad y no de rivalidad vacía.
México y el estadio Azteca tienen una tradición importante en la Copa Mundial. En 1970 fue el primer mundial transmitido a color, y en 1986, Argentina se coronó campeona en este mismo lugar. La Iglesia espera que los 104 partidos del torneo sean una oportunidad para vivir la unión, fraternidad y alegría que distinguen al deporte y la sana competencia.
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