LO ESENCIAL
Fabiola Martínez Ramírez / Justicia y derecho / Opinión El Heraldo de México Foto: El Heraldo de México Síguenos En la actualidad, es persistente la desigualdad entre las personas, motivada por diferentes causas, económica, edad, condición de discapacidad, también por razones de identidad de género, propiciadas por estereotipos que el sistema desarrolló entre hombres y mujeres.
Pese a innumerables esfuerzos desde diversos ámbitos como las políticas públicas, las buenas prácticas y las normas jurídicas que implementan obligaciones específicas para lograr una igualdad material, lo cierto es que la desigualdad es persistente, incontables ejemplos que evidencian sus consecuencias; la brecha salarial entre hombres y mujeres, la participación en actividades de decisión en el espacio público; la repartición en las funciones de cuidado; el ejercicio de derechos sexuales y reproductivos, los techos de cristal. En este escenario conviene hacer una reflexión precisa sobre el uso de la IA.
De conformidad con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en México, para 2025, el ingreso promedio de las mujeres es 19. 9% menor que el ingreso de hombres. Por si no fuera poco, Naciones Unidas alerta, “un manejo inadecuado de la IA amenaza con ampliar las brechas económicas…” refiriéndose a los países, sus capacidades y sistemas de gobernanza. Así, António Guterres, secretario general de la ONU, al cierre de 2025, alertó a los Estados miembros sobre los riesgos de una inteligencia artificial sin regulación.
Esto es comprensible cuando solo unos pocos, una élite, tiene acceso a estos desarrollos tecnológicos y sus beneficios, por lo que resulta un desafío para el derecho, la creación de marcos jurídicos globales que determinen su participación en diversos ámbitos. También es deseable cuestionar si la IA propicia la inclusión y tiene enfoque de género, pues los algoritmos no son neutrales, representan la materialización de quienes los han diseñados y son capaces de reproducir desigualdades propiciadas por cultura, por condición económica y desde luego repiten patrones estereotipados que pueden favorecer la desigualdad, también están colmados de un lenguaje poco incluyente.
CONTEXTO
No es ajeno al debate que su acceso sigue concentrado en pocas personas y en algunos Estados con un potencial económico importante. Si bien se trata de una realidad y consecuencia del desarrollo científico y tecnológico, que también representa un derecho fundamental, que coadyuva en temas de salud, eficienta procesos, sistematiza información a gran escala, planificación de actividades, búsqueda de información y coadyuva a la capacidad de los sistemas judiciales, no debe quedar ajeno la importancia de su determinación por gobiernos, empresas, instituciones; requiere de salvaguardas en su revisión y también en su operación.

Los desarrollos tecnológicos también pueden ser visibilizados con la desigualdad histórica presente en innumerables grupos. El lenguaje con el que se nutren no está despojado de estereotipos y etiquetas que representan de forma binaria lo que corresponde a cada persona en un sistema social, que desencadena sistemas de opresión y ejercicios de poder, también discursos poco congruentes, se abandera una causa con la que no se ejerce. También un punto de discusión es como lograr que el desarrollo algorítmico sea igualitario y no reproduzca prejuicios y estereotipos de género que repliquen exclusión y pocas posibilidades de igualdad entre hombres y mujeres.
EN PERSPECTIVA
De conformidad con ONU Mujeres “Un estudio sobre 133 sistemas de inteligencia artificial (IA) reveló que el 44 por ciento presentaba sesgos de género y el 26 por ciento reproducía tanto sesgos de género como raciales. Sin embargo, actualmente solo el 51 por ciento de las personas responsables de marketing utiliza supervisión humana para revisar los contenidos generados por IA antes de su publicación. ” En concordancia ONU Mujeres afirma que, para julio de 2026, “los datos muestran que las mujeres y las niñas ya enfrentan un acceso más limitado a los espacios digitales y, cuando participan en ellos, tienen muchas más probabilidades de sufrir violencia en línea”.
También es cierto que estos avances científicos permiten la reproducción de violencia a gran escala, utilizando imágenes de mujeres en material con contenido sexual, de acuerdo con la misma organización, “El 73% de las mujeres en el mundo han estado expuestas o han experimentado algún tipo de violencia en línea”.
La IA es uno de los mayores desafíos contemporáneos, tiene un impacto en la igualdad, en los derechos y en la gobernanza global, también en la distribución de la riqueza en la mayoría de los países, en el ejercicio del poder, los espacios universitarios tienen un deber moral e institucional en evitar la desinformación, en propiciar el conocimiento y la enseñanza de la IA desde un enfoque crítico, propositivo, sin desconocer el principio de igualdad, que en mucho exige por vocación moral la convicción y congruencia.
Etiquetas: Tecnología, Integración de género, Desigualdad, Tecnología e IA
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