LO ESENCIAL
Especialistas en conducta observan que la figura materna deja de ser solo recuerdo para convertirse en referente activo del vestir actual. Studio F, presente en 41 tiendas del país, registra que clientes replican texturas, colores y proporciones que aprobaba su mamá, pero adaptadas a la agenda urbana.
Jorge Eduardo Sánchez Dávila, director comercial de la firma colombiana, afirma que la tendencia no responde a nostalgia sino a una transferencia silenciosa de gusto. En los clósets revisan faldas lápiz, skirt suits y conjuntos tonales que antes parecían exclusivos de oficina o evento.

CONTEXTO
Pasarelas y street style coinciden: la ropa de los noventa regresa con estructura más flexible. El blazer ya no exige pantalón de vestir; ahora se combina con mezclilla. Las camisas se abren sobre playeras y las faldas maxi cruzan del desayuno de negocios a la tarde escolar sin cambiarse.

La compañía, que opera más de 400 puntos de venta en once países, apunta a que la mujer actual no busca romper con el código aprendido, sino reinterpretarlo. El ejecutivo explica que la evolución está en resignificar prendas que permanecieron en la memoria visual de quienes hoy deciden el presupuesto familiar.
EN PERSPECTIVA
Conjuntos coordinados, colores sólidos con destellos ochentosos y proporciones más largas desplazan al informal absoluto. La lógica, según Studio F, es hacer funcionales piezas que antes se guardaban para ocasiones especiales y que ahora se vuelven básicas diarias.

La madre, concluye el análisis, se vuelve maestra de estilo sin proponérselo: su validación inicial guía la compra posterior de la hija cuando ésta administra su propio hogar.
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