LO ESENCIAL
Guillermo Lerdo de Tejada / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México Foto: El Heraldo de México Síguenos México no tiene una política de Estado sobre Inteligencia Artificial (IA). Esta revolución impactará, cada vez más profundamente, desde el empleo y la educación hasta la salud, la seguridad y el consumo. ¿Qué estamos haciendo y qué podemos hacer para prepararnos? Chile, mediante su Centro Nacional de IA, está desarrollando software de IA soberano, programas de capacitación y de aplicación práctica, junto a empresarios. La Agencia uruguaya AGESIC, mediante su Laboratorio de IA, incuba y financia proyectos para resolver problemas públicos.
La supercomputadora Santos Dumont, en Brasil, está integrada a una red nacional, favoreciendo la investigación y el desarrollo autónomos. Mientras tanto, lo que preocupa al gobierno de México es regular la IA en redes, con una lógica electoral y punitiva. México posee una Agencia Digital con rango de secretaría (la ATDT), que ha tenido éxito en la unificación y digitalización de trámites. Sin embargo, no debemos confundir gobierno electrónico o simplificación administrativa (muy necesarios) con una verdadera política de IA de largo aliento, que incluya al sector privado y la academia. El gobierno planea construir la supercomputadora Coatlicue.
Un acierto de diagnóstico, pero con retos de operación: falta de cobertura de internet fijo en amplias zonas; baja alfabetización digital; carencia de infraestructura como fibra óptica o una red eléctrica confiable; alta vulnerabilidad en ciberseguridad. Sin un plan estratégico, México se abre a riesgos y desperdicia oportunidades. Por ejemplo, nos estancaríamos en ofrecer mano de obra barata en lugar de aportar trabajo especializado en IA ante la creciente automatización de fenómenos como el nearshoring. Asimismo, las micro, pequeñas y medianas empresas (99% del total, que generan hasta el 70% de empleos) quedarían abandonadas a su suerte.

El riesgo no es abstracto: estimaciones recientes ubican entre 30% y 56% del empleo formal mexicano en ocupaciones de alto riesgo de automatización -manufactura rutinaria, servicios administrativos, comercio y transporte- mientras la informalidad, que ya cubre a más de la mitad de la fuerza laboral, amenaza en profundizarse aún más con la llegada de aquellos desplazados por la IA, a falta de una política de reconversión. Y el costo no se reparte parejo: mujeres y trabajadores jóvenes están sobrerrepresentados en las ocupaciones más expuestas, según hallazgos de la OIT y el Banco Mundial.
CONTEXTO
Más aún, se exacerbarían las brechas económicas -y por ende sociales- entre el norte-centro y sur del país. Incluso las grandes empresas y otras organizaciones que tengan tanto el deseo como la capacidad para adoptar la IA autónomamente, requieren que el gobierno haga su parte. Primero, una reforma curricular para impartir temas como alfabetización algorítmica básica desde secundaria, o al menos preparatoria (Corea del Sur es un modelo excelente). Se trata de crear capital humano y ciudadanos que usen la IA de forma crítica y productiva.
En paralelo, programas de readiestramiento para dotar a trabajadores y emprendedores ya en activo de las nuevas habilidades necesarias (la Política Nacional de IA de Colombia ofrece una buena hoja de ruta, CONPES 4144). El proyecto Coatlicue puede ampliarse para cumplir objetivos más allá de la auditoría aduanera o el cruce de datos del SAT. Por ejemplo, permitir que MiPyMEs tecnológicas entrenen sus modelos.
EN PERSPECTIVA
Y si bien ya contempla la conectividad con universidades para funciones importantes como el modelado climático, sin inversión pública en infraestructura regional, las instituciones y los talentos de zonas marginadas quedarán rezagados respecto a los de la UNAM o la UDG. Países como Singapur emplean Compras Públicas de Innovación. En México el gobierno podría lanzar concursos abiertos para financiar a emprendedores privados que, mediante IA, diseñen soluciones a retos críticos como la logística en distribución de medicamentos. Es un ganar-ganar: se fomenta un ecosistema nacional de IA robusto, se desarrolla tecnología soberana, y se resuelven problemas públicos.

Asimismo, se podrían dar estímulos fiscales a empresas que inviertan en desarrollo de software, laboratorios de IA y capacitación a trabajadores e ingenieros mexicanos. El Congreso Federal ya anunció que la IA será un tema prioritario para el próximo periodo, que inicia el 1 de septiembre. La Presidencia también anticipó que se enfocaría en este asunto tras el Mundial. Bien, pero hay dos grandes riesgos a considerar: sobrerregular reactivamente y al vapor, por coyunturas como las deepfake, pero sin visión de largo plazo. Y crear legislación fragmentada y redundante, sin una estrategia unificadora.
Hoy, el debate público gira en torno al uso más visible y politizable de la IA, mientras los verdaderos puntos de inflexión, la forma en que millones de mexicanos trabajarán, aprenderán y accederán a servicios esenciales, no forman parte de las discusiones ni por supuesto de las estrategias de acción. Idealmente, se requeriría fundar una agencia especializada, como el CENIA chileno.
Etiquetas: Inteligencia Artificial, Política de Estado, Desarrollo Tecnológico, Educación, Tecnología e IA
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