LO ESENCIAL
Opinión Lectura 10:00 min Las condiciones para adoptar inteligencia artificial en México Jorge Alberto Hidalgo Toledo | Columna invitada Publicado: 21. 07. 2026 – 09:00 Actualizado: 21. 07. 2026 – 09:00 México corre el riesgo de confundir la puerta con la casa. Hemos quedado fascinados por sistemas capaces de redactar documentos, producir imágenes, ordenar presentaciones y responder con una elocuencia casi instantánea. Celebramos la velocidad del resultado mientras permanecen intactas las estructuras que impiden transformar ese resultado en bienestar, productividad y justicia.
La inteligencia artificial aparece en nuestras pantallas como un artefacto sorprendente, pero todavía no termina de ingresar en las fábricas, los hospitales, las escuelas rurales, los campos agrícolas ni en las oficinas públicas donde el país resuelve, o posterga, sus problemas más urgentes. Esta tensión estuvo en el corazón de nuestra participación en la Mesa de Diálogo II, “Inteligencia Artificial para la Innovación y la Competitividad de México”, organizada por la Alianza por la Innovación Tecnológica, Capítulo México, y realizada en la Facultad de Comunicación de la Universidad Anáhuac México, a través del Human & Nonhuman Communication Lab.
La conversación reunió distintas miradas para responder una cuestión que desborda el entusiasmo tecnológico: ¿qué condiciones debe construir México para que la inteligencia artificial se convierta en una capacidad nacional y no únicamente en un servicio contratado a proveedores extranjeros? La pregunta importa porque adoptar inteligencia artificial no equivale a abrir una cuenta en una plataforma generativa. Tampoco significa instalar un chatbot en una página institucional o permitir que los empleados produzcan correos con mayor rapidez. Eso es uso instrumental.
La adopción comienza cuando una organización modifica su arquitectura de datos, rediseña procesos, forma equipos, integra sistemas, evalúa riesgos, establece responsabilidades y mide si la tecnología está resolviendo aquello para lo que fue incorporada. La IA generativa es apenas la zona más visible de un territorio mucho más extenso. Debajo de ella operan modelos predictivos, visión computacional, robótica, sensores, gemelos digitales, sistemas de alerta, automatización industrial, analítica avanzada y mecanismos algorítmicos de apoyo a la decisión.
CONTEXTO
Reducir toda esa complejidad a una interfaz conversacional sería semejante a explicar la electricidad únicamente por la existencia de una lámpara. México cuenta con una base digital significativa, aunque marcada por asimetrías persistentes. La ENDUTIH 2025 estimó 104. 9 millones de personas usuarias de internet, equivalentes a 86. 1% de la población de seis años y más. El dato revela un avance considerable respecto a 2015, cuando la proporción era de 57. 4%. Sin embargo, la conectividad continúa territorialmente fracturada: 88. 9% de la población urbana utiliza internet, frente a 75. 2% de la población rural. La brecha se ha reducido, pero no ha desaparecido.

Detrás de cada porcentaje existe una geografía moral. Hay comunidades donde un sistema inteligente podría anticipar una sequía, pero no existe conectividad suficiente para transmitir datos. Hay escuelas donde se discute el uso pedagógico de modelos generativos mientras faltan dispositivos, acompañamiento docente o energía estable. Hay pequeños productores capaces de beneficiarse de la agricultura de precisión, aunque carecen de financiamiento, asesoría y capacidades para apropiarse de ella. La brecha digital ya no describe solamente quién puede conectarse.
EN PERSPECTIVA
También expresa quién puede transformar información en conocimiento, quién posee datos de calidad, quién dispone de cómputo y quién participa en la definición de los problemas que los algoritmos intentarán resolver. La desigualdad de acceso comienza a convertirse en desigualdad cognitiva, productiva y política. Amartya Sen sostuvo que el desarrollo no debe medirse exclusivamente por el crecimiento de los recursos disponibles, sino por la ampliación de las libertades reales que las personas pueden ejercer.
Desde esa perspectiva, una política de inteligencia artificial no puede evaluarse por el número de licencias contratadas, centros de datos construidos o documentos automatizados. Su valor dependerá de las capacidades humanas y sociales que consiga expandir. Una IA que reduzca costos sin ampliar oportunidades será una tecnología eficiente, pero socialmente insuficiente. Una IA que incremente la productividad de las grandes compañías mientras debilita a las pequeñas empresas terminará concentrando todavía más el poder económico.
Una IA que automatice trámites públicos sin considerar discapacidad, diversidad lingüística o desigualdad educativa convertirá la modernización administrativa en una forma tecnificada de exclusión. La evidencia empresarial confirma que México se encuentra en una fase exploratoria. El Banco de México reportó que, en septiembre de 2025, 24. 3% de las empresas con más de cien trabajadores utilizaba inteligencia artificial o planeaba hacerlo durante los siguientes doce meses. De ese conjunto, 61.
Etiquetas: Tecnología, Inteligencia Artificial, México, Tecnología e IA
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