LO ESENCIAL
La autora Anashely Elizondo narra que a los 12 años depiló sus piernas y axilas tras la burla de compañeras de secundaria, una fricción severa que le dejó una cicatriz cerca del tobillo. A los 15 comprendió que no debía modificar su cuerpo por la opinión ajena.
El texto plantea que el feminismo debería haber estado "de moda" en aquel entonces para evitar esas presiones. Hoy observa que las niñas y jóvenes enfrentan de nuevo dietas estrictas, terror al envejecimiento desde los veinte años y fobia a las calorías.
También advierte que algunas priorizan el amor romántico y la fantasía por sobre aspiraciones reales, tolerando abuso y violencia. La incertidumbre generacional, señalan sociólogos, empuja a coquetear con ideas retrógradas.

CONTEXTO
Elizondo descarta buscar culpables del retroceso y propone reconocer la necesidad de posicionarse con actitudes que suelen resultar incómodas. El pañuelo morado y verde, símbolos del movimiento, deben volver a las mochilas.
El llamado incluye cuestionar la presión estética, ejercer el derecho a ser "feas, gordas, groseras y directas", y ocupar espacios públicos y privados con sororidad.

EN PERSPECTIVA
La autora enfatiza la importancia de hablar sobre el aborto, los métodos anticonceptivos y el acceso a hormonas para transicionar. Estos temas, señala, ya no son sugerencias sino necesidades.
Finalmente, sostiene que el feminismo no es una estética barata ni una moda pasajera: sigue vigente y puede replicarse en todos los espacios y momentos de la vida.
Etiquetas: feminismo, derechos de las mujeres, presión estética, violencia de género, salud reproductiva, LGBTQ+, Guadalajara, Lifestyle · Moda, belleza y lujo
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