Hace apenas unos años, los grandes banqueros no podían ser más críticos con las #criptomonedas. Jamie Dimon, de JPMorgan, comparaba al #bitcóin con “tener una roca como #mascota” y quería prohibir todo el sector. Brian Moynihan, del Bank of America, lo llamaba una “herramienta imposible de rastrear para el lavado de dinero”, y el CEO de HSBC declaraba: “No nos interesa el bitcóin”.

Pero hoy la historia cambió y mucho. Los bancos no paran de hablar de criptos, presentando planes de nuevas monedas digitales y préstamos ligados a activos digitales, incluso en reuniones con reguladores de Washington. Este cambio no es solo oportunismo político —Trump y su familia son grandes promotores e inversores de criptomonedas— sino también un toque de celos clásicos: ver a empresas y personas hacerse millonarias en un año mientras el bitcóin se dispara a más de 100.000 dólares.
El foco ahora son las stablecoins, o criptomonedas estables, vinculadas al dólar estadounidense. Funcionan como un pagaré digital: el cliente deposita su dinero en el banco, recibe la moneda digital y puede usarla para transferencias internacionales más baratas. Pero ojo, estos depósitos no generan interés y, si algo sale mal, no están cubiertos por el seguro federal de depósitos. 😬

Los bancos lo ven como un cambio radical: cada dólar que entra en una stablecoin reduce la base de préstamos tradicionales, lo que podría afectar la economía si se generaliza. Mike Cagney, exCEO de SoFi, lo resume bien: “El genio ha salido de la botella… no se necesita una gran fuga de depósitos para que los bancos sientan el impacto”. Sin embargo, algunos como Tim Spence, de Fifth Third, aseguran que “las cuentas corrientes probablemente estén a salvo”.
En los últimos meses, JPMorgan, Bank of America y Citi han explorado cómo lanzar sus propias stablecoins y proteger sus riesgos, incluso preparando programas de recompensas estilo tarjetas de crédito para atraer clientes. Pero estas monedas aún no verán la luz antes de fin de año. Moynihan confirmó que el Bank of America está revisando el tema y que habrá “respuestas del sector”, aunque nadie sabe qué tan populares serán ni si se hará de forma individual o colectiva.
Todo esto se acelera gracias a la Ley GENIUS, impulsada por Trump este verano, que permite a los bancos operar con stablecoins respaldadas por bonos del Tesoro. La ley tiene apoyo bipartidista, con senadores como Kirsten Gillibrand destacando que abre “la próxima generación de innovación financiera”. Eso sí, hay críticas: los hijos de Trump tienen su propia stablecoin con la empresa World Liberty Financial, que podría beneficiarse de estas nuevas reglas.
Entre bastidores, muchos veteranos del sector sienten que la fiebre de las stablecoins avanza demasiado rápido. Algunos abogados bancarios confiesan: “Si el sector fuera totalmente franco, dirían que ojalá nunca se hubieran inventado las stablecoins”.
Mientras tanto, Wall Street ya está mordisqueando los bordes: asesora a empresas de criptomonedas, ofrece préstamos basados en estos activos y ayuda a clientes adinerados a invertir o poseer criptomonedas. Incluso JPMorgan revivió ideas de la “banca arriesgada” del siglo XIX, cuando los bancos emitían sus propias monedas, para aprender cómo manejar esta nueva era digital.
El mensaje es claro: el mundo bancario cambió de bando con las criptos, y aunque muchos lo vean como oportunidad, también hay un miedo real sobre cómo esto puede afectar nuestras cuentas y la economía. ¿Será un boom o un dolor de cabeza? Solo el tiempo lo dirá… 💥
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