LO ESENCIAL
Cuauhtémoc Curiel, un artesano de 80 años de Texcoco, Hidalgo, ha optado por vender sus artesanías en Pachuca, Hidalgo, en lugar de en su estado natal, debido a la falta de
En Ecatepec, donde solicitó espacio para vender, no encontró programas turísticos y fue víctima de intentos de extorsión. 'No caí nunca, pero tienes que estar todo el tiempo alerta', mencionó. A pesar de las diferencias entre los mercados de Hidalgo y el Estado de México, Curiel señala que en Hidalgo la falta de competencia le permite colocar rápidamente sus productos.

CONTEXTO
El principal consumidor de artesanías como las de Curiel en Pachuca son los visitantes de otros estados, ya que la población local aún necesita fortalecer el interés por las manifestaciones culturales prehispánicas, según el artesano. 'Es más comercial este producto en el Estado de México que aquí en Hidalgo. Aquí quienes más compran son los turistas. Mucha gente ya no conoce estas culturas y las nuevas generaciones se han ido alejando de ellas', señaló.
Cuauhtémoc Curiel preserva la tradición del barro prehispánico, una especialidad familiar que ha pasado de generación en generación. Se dedica a la alfarería y la cerámica desde hace seis décadas, oficio que aprendió de sus padres y que hoy también realizan sus hijos. Su trabajo se centra en la elaboración de piezas inspiradas en las culturas prehispánicas de México, incluyendo representaciones de deidades y personajes de las culturas mexica, maya y olmeca, máscaras ceremoniales y calendarios.

EN PERSPECTIVA
En su catálogo pueden encontrarse figuras como Coatlicue, Tláloc, Mictlantecuhtli, Coyolxauhqui y Quetzalcóatl, además de reproducciones del Calendario Azteca y del juego de pelota maya. En su comunidad trabajan alrededor de 30 artesanos, quienes se especializan en distintos productos. Curiel se ha enfocado principalmente en la fabricación de máscaras y piezas ornamentales relacionadas con la cosmovisión prehispánica.
El proceso de producción de cada pieza artesanal requiere aproximadamente 15 días. Primero el barro debe secarse de forma natural entre seis y diez días, dependiendo del clima y del grosor de la figura, para posteriormente pasar por el horno y finalmente recibir el acabado y la pintura, que en algunos casos se aplica antes de la cocción y en otros después. Los precios de sus artesanías varían, comenzando desde los 60 pesos para las piezas más sencillas.
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