LO ESENCIAL
El pasado 12 de agosto de 2026, a eso de las 20:30 hora local, tuvo lugar un eclipse total de Sol que se pudo ver desde gran parte de España —siempre que las nubes lo permitieran—. Aquellas personas situadas cerca de la línea central de la totalidad pudieron disfrutar de cerca de un minuto y medio de eclipse con el Sol situado muy bajo sobre el horizonte. Esta peculiaridad provocó que en la fase de totalidad el astro rey pareciera que había sido reemplazado por un sol negro en vez de quedar tapado por la Luna. El eclipse (o mejor, la sombra de la Luna) visto desde la órbita lunar por la sonda surcoreana. La sombra aparece sobre Groenlandia Danuri (KPLO) (KARI/KASA).
Al estar tan próximo al horizonte, el tamaño aparente del Sol también parecía ser mayor, una ilusión óptica que jugó a favor de la espectacularidad del evento. Por lo demás, fue un momento mágico al que las miles de fotos y vídeos que se tomaron no hacen justicia. Ciertamente, es una de esas experiencias que hay que ver en persona para vivirlas plenamente. El rango dinámico de la luz, los colores y los cambios de temperatura es algo que, por ahora, ninguna máquina puede registrar adecuadamente. Poder ver la corona solar con tus propios ojos sin instrumentos ópticos es algo que todo el mundo debería disfrutar al menos una vez en la vida.
Recorrido del eclipse del 12 de agosto (IGN). Este era el primer eclipse total de Sol que se pudo ver en España desde 1959, aunque el primero en territorio peninsular desde 1905. El eclipse de 1959 solo se vio desde Canarias, por lo que muchos medios han insistido erróneamente que este era el primero que se veía en España desde hace más de un siglo y que ya no queda nadie vivo que haya visto un eclipse total de Sol en territorio español, pero eso no es cierto (sin ir más lejos, un servidor conoce a muchas personas que vieron el de 1959 y están vivitas y coleando). La sombra de la Luna visto por el satélite Meteosat 12 (MTG-I1) (ESA/Eumetsat).
Somos increíblemente afortunados de vivir en el momento y lugar adecuados para poder disfrutar de este tipo de eclipses totales de Sol. La Tierra es un lugar único en el Sistema Solar, y probablemente en gran parte de la Vía Láctea, a la hora de ver eclipses. Sí, eclipses totales de Sol se dan en otros lados —aunque no en Mercurio, Venus o Marte—, pero en ninguna superficie de los mundos del Sistema Solar el satélite responsable tiene casi el mismo diámetro aparente que el Sol. Curiosamente, no sabemos exactamente a partir de qué fecha se ha dado esta coincidencia en nuestro planeta.
CONTEXTO
La Luna estaba originalmente más cerca y se ha ido alejando progresivamente, pero el ritmo actual de separación, de 3,8 centímetros al año, es anómalamente alto por la configuración de los océanos presente y no se puede extrapolar a la ligera. Por otro lado, la excentricidad de las órbitas de la Luna y el Sol también ha cambiado a lo largo de los eones. La totalidad desde el aire (Ejército del Aire y del Espacio). El Sol visto desde la Tierra tiene un diámetro angular medio de 31,9 minutos de arco (varía según la órbita de la Tierra entre 31,5′ y 32,6′), mientras que la Luna varía entre 34,1′ (en el perigeo) y 29,3′ (en el apogeo).

Por eso los eclipses de Sol cuando la Luna está cerca del apogeo son anulares. A partir de hace unos 1700 millones de años quizá pudieron darse algunos eclipses anulares en determinadas condiciones, dependiendo de la excentricidad de las órbitas dde los dos astros, pero no sería hasta hace entre 1000 y 600 millones de años cuando los eclipses con la Luna cerca del apogeo serían siempre anulares. Debido al alejamiento de la Luna, en el futuro, dentro de 600 o 900 millones de años habrá momentos en los que todos los eclipses serán anulares.
EN PERSPECTIVA
O sea, no solo tenemos la suerte de tener al lado un satélite gigante en proporción al tamaño de nuestro planeta, sino también de haber nacido en un momento que está situado a la distancia justa para que se vea bien casi toda la corona solar en un eclipse. La totalidad desde la costa española (Daniel Verde Van Ouytsel).
Si hablamos de comunicación científica, aunque se hizo una magnífica labor desde muchas instituciones como el IGN , y, lógicamente, se puso el énfasis en la protección ocular, creo que no se insistió lo suficiente en la principal característica de este eclipse, que era lo bajo que estaba el Sol en el horizonte en el momento de verlo (a pesar de esta magnífica herramienta , también del IGN), con todo lo que eso significa de cara a planificar una buena observación y a elegir el lugar adecuado.
Y eso dejando a un lado las absurdas polémicas de haters del eclipse que surgieron poco antes del suceso: en una época donde hay terraplanistas y conspiranoicos por todos lados a pesar de la información disponible, hay que asumir que en cualquier circunstancia siempre vamos a convivir con un porcentaje pequeño, aunque no despreciable, de gente con comportamientos irracionales y estúpidos (y, ojo, esto no tiene nada que ver con la formación recibida: muchas veces estas tonterías, amplificadas ad nauseam por las redes sociales, vienen de gente con educación superior). Pero quedémonos con lo positivo.
Etiquetas: Eclipse, Astronomía, España, Nacional · Ciencia y Espacio
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