LO ESENCIAL
El estilo de los tenistas masculinos remite a una imagen clásica: pantalones cortos con pasadores plateados, polo blanco con logotipo discreto y cinta para el cabello con raya azul marino o verde. Este look, con raíces en la época victoriana, mantiene vigencia en torneos como Wimbledon, donde el código de vestimenta exige prendas completamente blancas.
René Lacoste rompió con las normas en la década de 1920. Cansado de las camisas de manga larga y los pantalones con pliegues, acortó las mangas hasta crear el polo que lleva su apellido y que hoy representan figuras como Novak Djokovic y Daniil Medvedev.

Arthur Ashe, cuyo nombre porta la pista principal del Billie Jean King USTA National Tennis Center, sede del US Open, añadía toques de excentricidad a la indumentaria tradicional: pequeños detalles de color y sus característicos lentes de montura de pasta, sin tratarse de equipo especializado para competir.
CONTEXTO
La estética de Björn Borg combinaba chamarras ajustadas de Fila, cintas para el cabello hasta los hombros, collar de cadena de oro y tenis Diadora. El resultado evocaba a una estrella del rock o a un vikingo de videoclip.

John McEnroe optaba por integrar accesorios deportivos a sus conjuntos, ampliando las posibilidades dentro de la cancha.
EN PERSPECTIVA
La evolución alcanzó un punto de inflexión en la década de 2000. Según Caitlin Thompson, fundadora de la publicación Racquet, la entrada de Roger Federer al mundo de la alta costura abrió las puertas para que más jugadores exploraran el estilo sin restricciones.

Las colaboraciones recientes incluyen a Lorenzo Musetti para Bottega Veneta y Stefanos Tsitsipas con una capa de Loro Piana. Thompson señala que ahora existe un grupo más amplio de tenistas que experimenta con la moda de manera abierta, más allá de las alianzas comerciales con marcas.
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